El equipo levantinista entró en Valencia poco antes de las nueve de la noche. Las autoridades municipales habían previsto un operativo policial para escoltar el autocar del equipo y el que transportaba al consejo de administración hasta la Alameda, donde aguardaban miles de aficionados que comenzaron a concentrarse alrededor de la Fuente de las Cuatro Estaciones a las siete y media de la tarde.
Entorno a las 21.15 horas la caravana apareció por la calle General Elio y las tracas comenzaron a estallar en la Alameda, acompañadas de un grito unánime por parte de los seguidores concentrados. “¡Som, som, som de Primera Divisió!”. En la propia Alameda, alejado convenientemente de la zona donde de celebración, se había colocado un castillo de fuegos artificiales, dispuesto para poner fin a la fiesta.
Pero antes de llegar a ese momento fueron muchas las anécdotas, felicitaciones, cánticos y muestras de alegría que se produjeron entre aficionados, técnicos, jugadores y dirigentes. La simbiosis entre todos fue emotiva.
Muchos futbolistas del Levante, nada más descender del autobús, lo primero que hicieron fue ir en busca de sus familiares, esposas e hijos, que les aguardaban.
Villarroel y Mané, aclamados
Cuando subieron a la plataforma colocada para que los aficionados vieran perfectamente a los protagonistas, algunos lo hicieron acompañados de sus retoños. El capitán, Iñaki Descarga, sujetaba en la boca un chupete. Riga tomó el testigo a Reggi con el bombo y se hinchó de cantar “¡A Primera!, ¡a Primera!”.
Destacó entre los seguidores del Levante la cantidad de juventud que se vio ataviada con camisetas, bufandas, gorras y todo tipo de objetos relacionados con su equipo. No faltaron palmeras, de todos los tamaños, con el correspondiente gato en lo alto y leyendas alusivas a la tradicional imagen.
Pedro Villarroel, que al igual que Mané prefirieron permanecer en un segundo plano, dejando el mayor protagonismo a los jugadores, fue reclamado para subir a la plataforma. Tomó el micrófono y gritó: “¡Macho Levante!”, expresión que fue coreada y celebrada por los miles de aficionados que, instantes después, vitorearon al entrenador, que fue manteado. El presidente del club manifestó que había costado “mucho conseguir el objetivo, pero ya lo tenemos y ahora hay que disfrutar con la afición”, afirmó.
Su vicepresidente Ángel Rubio, expresó que la categoría era “muy complicada, pero en el último partido conseguimos lo que deseábamos. Ahora hay que preparar el proyecto de la próxima campaña para mantenernos”.
Con la plantilla sobre el escenario se desbordó la alegría, los seguidores rompieron el dispositivo de seguridad montado por voluntarios de protección civil y unas vallas y comenzaron a subir junto a los jugadores. Ante el peligro de que se rompiera la tarima se decidió que los futbolistas volvieran al autocar. Algunos, disgustados porque llevaban en sus brazos a sus hijos. Cuando volvió la normalidad bajaron de nuevo del vehículo.
“Harte quédate”
También hubo pancartas de todo tipo y miles de
granotas
que portaban los seguidores levantinistas. “Harte quédate”, rezaba una de las leyendas, demandando que el lateral permanezca en el equipo. El jugador irlandés vivió con intensidad la celebración y se le vio protagonizar un prolongado abrazo con Villarroel, al tiempo que se hablaban con secretismo.
En otra pancarta se podía leer “Ya estamos en Primera”, en varios idiomas incluído el japonés. Una aficionada, por su parte, lucía una camiseta con la inscripción “el Levante UD, la octava maravilla del mundo”.
El castillo de fuegos artificiales puso fin a estos primeros actos de celebración del ascenso. El final del mismo elevó hacia el cielo los colores azul y grana del Levante. El delantero Manchev no perdió detalle del espectáculo, que grabó para la posteridad.