De nuevo el Corpus, con su aditamento procesional de séquito folklórico. Pero hasta para los espíritus más puritanos resulta familiar y casi imprescindible esta parafernalia profana que acompaña –aquí y en múltiples rincones de la geografía española– el acto religioso más esperado del día.
Estas exhibiciones festivas hacen justicia a su origen y sentido primigenio: moma era el juego de danza que imitaba el de la gallina ciega; y momo, la actuación festiva (con gestos y tono de mofa) que divertía en juegos y danzas; uno y otro vocablo procedentes probablemente de Momus, dios latino de la burla y la censura.
Hoy se denomina Moma al hombre vestido de chica, con vestido blanco, que baila entre siete momos (hombres vestidos de diablos).
Con la exteriorización religiosa propiciada por Trento estos espectáculos se incorporaron a la celebración religiosa con simbología teológica: La moma representaba la gracia divina; los siete momos, los siete pecados capitales; los gigantes y cabezudos, la adhesión de los continentes y clases sociales al misterio eucarístico ¿Y los mimos?
Mimo era el bufón que gesticulaba e imitaba a las demás personas y, por extensión, la farsa o representación burlesca que aquél animaba. Mimo era el juglar (en latín joculator, ‘el que hace el juego’, sobre
jocus
‘juego’), que muy pronto quedaría identificado con el músico contratado para la ocasión (
dolçainer
) y con el ministril (músico de oficio, que tocaba diversos instrumentos).
Por libros de cuentas de la villa sabemos sus nombres, su procedencia, su salario, sus instrumentos…
Momas, momos y mimos nacieron para divertir y –mezclados con el elemento religioso– siguen constituyendo el perejil de este guiso.
Más de un lector se preguntará de cuándo data la celebración del Corpus en Gandía.
La villa/ciudad ducal imitó siempre cuanto hacía Valencia y allí la procesión se celebraba ya en 1355.
Por lo que hace a la localidad de Gandía, hay alusiones desde finales del siglo XIV.
Y para que no falte un retalito de paño añejo que confirme esta realidad histórica, vaya ese testimonio documental del año 1420, en época de Alfons el Jove y en un momento en el que se estaba llevando a cabo la construcción de la colegiata.
Consta por dicho documento que la villa pagó 43 sueldos “
a.n Johan Peregrí per salari de guardar e regir les coses e instruments de la festa de Corpore Christi
”.