“Hijo, llama a la policía; me han encerrado en el maletero del coche”. Esta primera comunicación entre padre e hijo se produjo segundos después de que José G., un empresario de Catarroja, fuera encerrado dentro de su propio vehículo. El secuestro se cometió en octubre de 2004. José, de 65 años, supo que si quería ser liberado debía transmitir cuanto antes su posición: un campo de naranjos de la localidad. Desde ese momento, ya en el maletero, no supo por dónde circulaba. “No veía nada, aunque sí oía que los delincuentes hablaban dentro del coche”, explicó a LAS PROVINCIAS cuando fue liberado. El móvil le salvó la vida, sino que derrotó a los raptores.