desveladas (o sea, sin velo), destapadas (o sea, con escotazos), destocadas (con detalles mínimos, o a cabeza descubierta) y, eso sí, encoladas, es decir, mayoritariamente provistas de colas más o menos largas. Así se perfilaron por la pasarela Gaudí en la XVI edición de Noviaespaña, convertida en la mayor feria mundial de la especialidad y en lo que ahora se llama BCN Bridal Week, tan impelidos como nos vemos a usar la lengua del imperio.
Entre todo ello y los cientos de expositores del salón adjunto, una presencia atrae por su buen gusto: la de la marca Jesús Peiró, que diseña una mano femenina que deja sentir su delicadeza y minuciosidad, así como un cimiento estético de primer orden.
Merche Segarra, nieta de un castellonense como sugiere su apellido, iba para pintora y cursó la licenciatura de Bellas Artes. Pero ella, que se autocalifica de hiperactiva, consideraba demasiado lento el proceso de pintar y exponer, con pausas largas entre una y otra etapa. Los consejos de una hermana, que calibraba el acierto personal en el vestir de Merche, la orientaron hacia la moda. “Y eso –dice– sí que concuerda con mi temperamento. Tener que elaborar una colección a fecha fija me mantiene en tensión y estimula mi creatividad sin descanso. La moda no es un arte, como afirman muchos profesionales; sin embargo, ayuda mucho la formación estética y cultural para ejercerla.”
Adiós a la
Segarra se procuró un sólido aprendizaje técnico en escuelas, de Barcelona y Milán. Explica: “Desmonté mi estudio de pintora y lo transformé en taller. Después de varias temporadas trabajando en distintas empresas y por mi cuenta, cedí a los requerimientos de mi amigo Chus, responsable de Jesús Peiró, y ésta es mi quinta colección para la firma”.
Una colección que se aleja de excentricidades y barroquismos, para recrear, en lo que ha bautizado como Bosque romántico, una atmósfera que remite a la Ofelia shakesperiana vista por el siglo XIX, consiguiendo, mediante gofrados y
stropiciati
los efectos de cortezas de árbol y, con sutiles chispas brillantes, la sensación húmeda del rocío. Curiosidad infatigable y paciencia en la elección, revela, son sus armas.
Organiza flores que aparentan relieve, texturas qeu fingen drapeados y dibujos sorprendentes en líneas muy estudiadas que evocan la novia tradicional, sin caer en el convencionalismo. Hay, además, un pequeño secreto en el sistema de Merche Segarra, y es que prueba en sí misma (puede hacerlo perfectamente, por su talla de maniquí) cada vestido que diseña. Si no supera la exigida comodidad y belleza sobre su propio cuerpo, queda desechado.
En otra vertiente, la firma Jesús Peiró es también vehículo de una de las más esperadas novedades: la primera colección de novias de Antonio Miró, el último de nuestros grandes diseñadores en incoporarse a la moda nupcial. Miró ha creado la novia alernativa: la joven que huye del estereotipo, evitando adornos y aparato. Gracioso
tailleurs
y vestidos de corte años 50 por la rodilla o a media pierna, o bien pantalones de distinto ancho, conforman un vestuario ágil, bien delineado, fragante, que vuelve al blanco casi puro y que brindará a la mujer lo que apetecía sin hallarlo. Una buena baza del veterano autor, próximo a inaugurar su primera tienda en Tokio.