Si usted exclama ¡Mira quién baila! es porque ha observado con sorpresa a su vecino, amigo, compañero o familiar danzando sobre una pista de baile. Es la fiebre del ritmo que se ha apoderado de los valencianos. Cada vez son más los habitantes de la Comunitat que calzan zapatos de claqué, se enfundan trajes ajustados de lycra, se clavan faldas sesenteras y se lanzan a la pista.
En los últimos diez años las academias de baile han visto desbordado el número de alumnos, tanto que han tenido que hacer doblete en sus horarios. Este año, gracias al exitoso programa de televisión
¡Mira quién baila!
, algunos centros han abierto la matrícula para las clases que comenzarán en octubre. La fascinación y el atractivo de los bailes atrapan principalmente a las mujeres, ya que los hombres son arrastrados a las clases.
“Una vez sobre el parqué, ellos descubren que danzar no es tan difícil. Así, los movimientos que al principio parecen imposibles, poco a poco, toman forma en sus pasos. En un ademán con ritmo se sorprenden de que el pavor hacia el baile ya no existe”, según Paqui Araque y Juan José Francés, pareja de baile y profesores de la academia Línea de Baile de Valencia. “A nosotros nos apasiona el baile, pero no es fácil encontrar parejas a quienes la danza entusiasme por igual; siempre hay una persona que tira de la otra”.
La estrella de la pista es el ritmo latino, por delante de la danza del vientre. El hip hop está arrasando debido a que se trata de ritmos más rápidos, hay variedad de pasos y libertad de movimientos. “Las parejas que se inician lo que pretenden es dominar los ritmos que se van a encontrar en las discotecas con el fin de divertirse con la música”, narra la profesora.
La
El baile de competición es otra historia. Cuando la pareja “domina el ritmo, comienza a picarle el gusanillo por aprender más, mejorar sus movimientos y superarse. La mayoría de los dúos que acuden a sus primeros trofeos es porque van empujados por los propios profesores, ya que lo hacen bien y tienen posibilidades de salir vencedores aunque todavía no se atreven”. Si en las competiciones logran puestos destacados, descubren que competir es más divertido que bailar.
La pareja de baile formada por Javier Valderrama y Carol Martínez se inició en el mundo de la competición hace apenas dos años. Su caso es atípico, ya que ella es empujada por él a la pista. Ambos han conquistado varios trofeos de la Comunitat y confiesan que una vez se saborean las mieles del triunfo de los concursos es muy difícil dejar de competir.
El caso de Juani Gómez es diferente. En su último reto obtuvo mala puntuación y se exige más para demostrar al jurado de lo que ella y su marido son capaces: “En un concurso sólo es posible demostrar el 50% de tus capacidades, ya que se exhiben los movimientos que salen perfectos y se arriesga lo mínimo”.
Competir no es fácil. Javier y Carol ensayan en clase más de una hora y media al día para que su movimiento sea perfecto. Juani prepara sus pasos cuatro veces a la semana, dos días en Oliva y otros dos en Valencia. Dominar los pasos no es fácil, pero cuando se logra, el afán de superación se apodera de los pies.