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Sábado, 17 de junio de 2006
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C. VALENCIANA
la torrà
La galería
Uno de los espejismos más comunes de los dirigentes políticos es creer que van a pasar a la Historia. La mayoría de veces confunden la pequeña infrahistoria de cada día o de su grupo político con la gran Historia de un país o, lo que es peor, de la Humanidad.

En muchas ocasiones, el problema es tener una incorrecta medida de la dimensión histórica del acontecer de tal forma que el interesado es incapaz de percibir que ser presidente local de su partido no le pone a la altura de un Kennedy ni de un Carlomagno. Algunos, inexplicablemente, no terminan de entender por qué.

La condición de inmortal parece nacer, sin embargo, con la figuración. Puesto que el propio cuerpo desaparece con la muerte, nada más imperecedero que la reproducción. Eso es lo que se cree lograr, por ejemplo, con la entrada en el Museo de Cera o en las Galerías de Ex Presidentes como la que ha inaugurado Julio de España.

Es cierto que la oportunidad de ser retratado era una potestad tradicional en reyes, nobles y burgueses adinerados que se hacía visibles con ello o que, incluso, usaban el lienzo para darse a conocer a su futura esposa. Pero hoy, con la difusión masiva de la imagen, ese privilegio es más una extravagancia que algunos se permiten para sí mismos que un obsequio para los demás, salvo para la mecenas de la pintura patria, Tita Cervera.

En determinados ámbitos, además, parece una costumbre constituir una galería de hombres ilustres (¡qué pocas mujeres forman parte de esas galerías, salvo Teresa de Jesús que aún se quejó a su pintor de haberla sacado tan fea!).

De hecho, es frecuente ver elencos de grandes hombres en cuerpos militares o religiosos cuya existencia se prolonga por siglos como la galería de comandantes de la Guardia Suiza que muestra en Roma un recorrido de 500 años o las galerías de Obispos en los Palacios Episcopales.

Ese periodo tan grande no se corresponde con la democracia española excepto si se conecta con épocas pasadas, como hacen Les Corts Valencianes cuyos orígenes van más allá del momento de su creación reciente. En cualquier caso, lo cierto es que una galería comienza con un retrato. El empeño, ahora, es que la de Les Corts sea amplia, que recuerde a grandes presidentes y, sobre todo, que no tenga interrupciones violentas.



 

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