Allá por el 1500, el convento de las monjas agustinas se encontraba en el barrio valenciano de Marxalenes. Hasta esta zona les llevaron las pesquisas a Antonio Valero y a Joaquín Piedra cuando comenzaron las indagaciones para elaborar sus pastissos de les monges. Calabacín, azúcar, almendra rallada, bizcocho seco, canela y limón sobre claras de huevo a punto de nieve. Estos son los ingredientes con los que el restaurador y el propietario de El Cancell han elaborado un postre “lo más parecido posible” al dulce secreto que guardan los muros del convento agustino. Un secreto que está a punto de extinguirse. El convento podría ser enajenado con lo que las monjas que viven en él, Celia y Sara, tendrían que trasladarse a otro que la orden tiene en Logroño.