La capital de Afganistán, Kabul, vivió la revuelta popular más violenta desde la caída del régimen talibán el otoño de 2001. Las protestas empezaron después de que un gran camión de carga del ejército estadounidense sufriera un fallo mecánico en una zona de la ciudad muy transitada y golpeara decenas de vehículos civiles. Cuando el convoy recibió el auxilio de militares norteamericanos y fuerzas de seguridad afganas, la reacción virulenta de la población comenzó a extenderse por toda la ciudad en una jornada de caos y destrucción en la que se oyeron gritos contra Estados Unidos y el presidente afgano, Hamid Karzai. Los disparos del ejército estadounidense a los civiles causaron la muerte a 14 civiles y más de 150 heridos, según el Ministerio de Salud y los medios locales.
En un comunicado difundido por el mando de la operación Libertad Duradera en Afganistán, el ejército estadounidense negó que sus soldados abrieran fuego contra la población y sólo admitió una víctima civil y seis heridos como consecuencia del accidente del convoy militar en el centro de Kabul y algunos “disparos de advertencia sobre la multitud”. Según esta versión de las tropas norteamericanas, los efectivos atendieron a los heridos hasta que la multitud congregada en el lugar se tornó, espontáneamente, hostil, tras lo cual fue precisa la intervención de un segundo convoy militar y las fuerzas de seguridad afganas.
Contra Occidente
Las protestas se extendieron rápidamente desde el lugar del accidente a lo largo de toda la ciudad en una ola de reacciones virulentas contra todo lo norteamericano u occidental que la multitud encontró a su paso. Algunos de los sublevados portaban Kalashnikov y se enfrentaron con las fuerzas de seguridad afganas en diversos puntos de Kabul.
Docenas de coches destrozados y quemados, edificios saqueados –incluido un complejo de la ONG Care International cuyas instalaciones e infraestructuras fueron completamente destruidas– o incluso tiendas de música y ropa de inspiración occidental, fueron asaltadas por la multitud agraviada en una clara muestra del resentimiento que muchos afganos sienten hacia las tropas de ocupación estadounidenses y el presidente del país, Hamid Karzai, simpatizante y colaborador de la Administración de George Bush.
Al grito de ‘‘muerte a Karzai, muerte a América’’’, los manifestantes se enfrentaron a la policía afgana, quemando sus vehículos y destruyendo sus garitas de control. En un punto de la ciudad, un reportero occidental vio cómo varios afganos sacaron de un coche a un hombre que parecía occidental y comenzaron a golpearle hasta que este pudo escapar. La embajada rusa y la estadounidense también fueron objeto de ataques, de hecho, según el portavoz de la diplomacia estadounidense en Afganistán, Chris Harris, los diplomáticos se refugiaron en una zona fortificada del edificio.
Las versiones del incidente eran ayer contradictorias. La portavoz de las tropas estadounidenses en Kabul reconoció la muerte de una persona y seis heridos cuando el vehículo norteamericano tuvo el accidente a causa de un fallo mecánico y colisionó contra varios coches civiles. Otros informes indican que los militares estadounidenses golpearon con su vehículo a tres coches civiles para abrirse paso y, tras quedar bloqueado en la carretera, decenas de afganos les rodearon y comenzaron a protestar, a lo que respondieron abriendo fuego contra la muchedumbre.
Toque de queda
Las autoridades afganas impusieron anoche el toque de queda en Kabul entre las 22 horas y hasta las 4.00 h., según informó el Ministerio de Interior. El Gobierno afgano pidió a los habitantes de Kabul que eviten las concentraciones públicas.
En un mensaje televisado, el presidente afgano, Hamid Karzai, advirtió de que tomará “medidas serias” contra los responsables de los disturbios. El presidente afgano indicó que se investigará si el choque del vehículo estadounidense fue intencionado por parte del conductor y, en caso de que lo sea, “pediremos a la coalición que nos lo entregue para que lo juzguemos”.
“Consideramos a los amotinados como enemigos de Afganistán’’ , dijo Karzai, al tiempo que solicitaba al pueblo que resistiera contra ese tipo de “oportunistas” y que no les dejen “destruir nuestro país de nuevo y facilitar las invasiones de otros países”. Pese a los llamamientos, las fuerzas de seguridad no pudieron evitar la oleada de violencia que repercutirá “en los capitales extranjeros”. “Hemos retrocedido diez años” protestaba un miembro del contingente de la OTAN en Kabul.