Nicolás II, su esposa y sus cinco hijos fueron fusilados el 17 de julio de 1918 por un puñado de delincuentes comunes. Con ese fundamento la Fiscalía General rusa se negó el pasado mes de febrero a reconocer la intencionalidad política del asesinato del último zar ruso y su familia, rechazando así su rehabilitación como víctima del terror comunista.
La Fiscalía rusa respondió de esa manera a la solicitud cursada por la Gran Duquesa María Romanova, la jefa de la Casa Imperial rusa. El asunto está ahora en manos del Tribunal Tverskói de Moscú, cuya vista para examinar la apelación comenzó ayer.
German Lukiánov, abogado de los Románov, expresó el deseo de que hoy mismo se dé a conocer el fallo definitivo sobre la demanda presentada. Según el jurista ruso, “los documentos que hemos proporcionado al Tribunal demuestran claramente que Nicolás II y su familia fueron masacrados por orden directa del Estado soviético”.
La Fiscalía General rusa, sin embargo, concluyó en febrero que “no hay ninguna prueba fidedigna de la existencia de decisiones oficiales de órganos judiciales o extrajudiciales de reprimir a las víctimas por razones políticas”. En el mismo escrito se sostiene que el magnicidio debió ser cometido por “delincuentes comunes”.
Ofensa a los descendientes
El fallo de la Fiscalía fue calificado de “ofensa” por los descendientes del último zar y la Gran Duquesa María Románova, que reside habitualmente en España, decidió apelar ante el Tribunal Tverskói de la capital rusa. Varias organizaciones rusas de defensa de los derechos humanos creen que la Fiscalía ha podido actuar de tal manera por miedo a abrir la puerta a la restauración de la monarquía en Rusia. La Gran Duquesa ha asegurado en varias ocasiones que “nuestra milenaria monarquía podría volver a Rusia sólo por voluntad de Dios y de su pueblo, a través de un referéndum”.
Nicolás II, su esposa la zarina Alejandra, el zarévich Alexéi, el príncipe heredero, que acababa de cumplir 14 años, y sus hermanas las infantas Olga, Tatiana, María y Anastasia, fueron fusilados en el sótano de la casa Ipátevski de la ciudad de Yekaterimburgo (Urales) en la madrugada del 17 de julio de 1918.
El zar y los suyos habían sido confinados en la casa Ipátevski por orden directa de Vladímir Lenin, líder de la Revolución Bolchevique y jefe del recién creado Estado soviético. Tras la brutal ejecución, los cuerpos fueron quemados con ácido sulfúrico y enterrados en un bosque cercano.
Los restos mortales de la familia real rusa fueron recuperados en 1991 y recibieron sepultura en 1998, en San Petersburgo, en el panteón real de la fortaleza de San Pedro y San Pablo. Todos ellos fueron canonizados por la Iglesia Ortodoxa rusa en 2000, pero sin reconocer la autenticidad de los cadáveres encontrados en Yekaterimburgo.
Según la versión histórica y aceptada por la Fiscalía, Nicolás II y sus familiares fueron despertados a las dos y media de la madrugada del 17 de julio de 1918 por Yakov Yurovski, oficial encargado de su vigilancia.
Bajo pretexto de que iban a ser fotografiados, fueron conducidos a un sótano donde fueron alineados y fusilados por once soldados.Los cadáveres, incinerados y disueltos en ácido sulfúrico, fueron sepultados en un lugar secreto a las afueras de la ciudad.