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Martes, 23 de mayo de 2006
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CULTURA
“Esa noche tardé en conciliar el sueño”, confiesa Brines tras su ingreso en la Academia
“Me satisfizo que en la ceremonia hubiese poetas de todas las generaciones”, asegura
Francisco Brines leyó el domingo su discurso de ingreso en la Real Academia Española. “Esa noche tardé en conciliar el sueño, había sido un día de muchos acontecimientos”, confiesa el poeta valenciano. A Brines le satisfizo especialmente que en la ceremonia de su toma de posesión “hubiese poetas de todas las generaciones”.
Grandes amigos de Francisco Brines. Tomás Segovia, Carlos Bousoño, Ángel González, Antonio Colinas, Guillermo Carnero, Carlos Marzal, Luis Antonio de Villena, Lorenzo Oliván, Jenaro Talens, Juan Van Halen, Pere Rovira, José Corredor Matheos, Jacobo Muñoz, Jaime Siles, Fernando Delgado, Vicente Molina Foix, Leopoldo Alas, Carlos Marzal y Vicente Gallego fueron, entre muchos otros, algunos de los poetas que escucharon el discurso con que Brines, titulado Unidad y cercanía personal en la poesía de Luis Cernuda, tomó posesión de la silla X el pasado domingo en la Real Academia Española.

“Me satisfizo especialmente que en la ceremonia hubiese poetas de todas las generaciones”, asegura el poeta de oliva. Poetas de cuarenta años, de sesenta, de ochenta. Fue un día muy intenso. Brines confiesa que esa noche “tardé en conciliar el sueño, había sido un día de muchos acontecimientos, aunque tambiñen es verdad que en la cena, entre mis amigos y ya un poco más relajado, me tomé un café y creo que eso me desveló un poco”.

Brines afirma que no es habitual que a estas ceremonias de la Real Academia Española asistan los políticos, “salvo que tengan amistad con el poeta que ingresa en la institución”. Fue el caso de Carmen Alborch, Ciprià Císcar, Miguel Ángel Cortés y el alcalde de Oliva, Salvador Fuster, “que iba vestido muy elegante”. También estuvo el conseller de Cultura, Alejandro Font de Mora, en representación de la Generalitat.

Lamenta el poeta no haber podido atender bien a toda la gente. Muchos de sus amigos se volvieron esa misma noche a sus ciudades, unos hacia el sur, otras hacie el este y hacia el norte. “Me hubiera gustado agradecerles su presencia aunque hubiese sido por el teléfono móvil, pero el mío me lo dejéo en la maleta, no útilizo el móvil salvo cuando viajo, y esta vez, cuando más lo necesitaba, se me olvida”.

Viajar en tren
El autor de El otoño de las rosas se quedará en Madrid durante tres semanas. “Los próximos tres jueves iré a la Academia, es la costumbre”. Aprovechará también para viajar “a Barcelona, Murcia y Algeciras, donde tengo unos compromisos, estos viajes me resulta más cómodo hacerlos desde Madrid, tan bien comunicada, que desde Oliva”.

Para viajar, Brines prefiere el tren, siempre que las distancias no sean excesivas. Pero el avión no le da ningún miedo. “Nunca me lo ha dado, seguramente porque soy un irresponsable, no pienso en las consecuencias”.

Otra cosa es si se trata de un poema. “Ah, claro, eso por supuesto, enntonces sí pienso en las consecuencias”. Elegir una palabra u otra es un asunto que implica una severa responsabilidad. Las exigencias de la verdadera literatura se encuentra siempre en las zonas más altas de la creación.



 

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