Los seguidores de Anna Kavan, la escritora que nos sugestionó con
Hielo
y
Mi alma en China
(editadas ambas por El Nadir), volverán a sentirse inmersos en un clima extrañamente poético, en el que la búsqueda del amor resulta inútil tanto en la realidad como en ese universo onírico, con el que se funde y transciende.
La bellísima prosa de la atormentada escritora, heroinómana e ingresada dos veces en clínicas spiquiátricas, acusa un desequilibrio emocional que en lugar de repeler, atrae. La acción, siempre escueta, se olvida ante la inquietante figura de la mujer, la frágil joven del cabello blanco y ojos profundos, susceptible a sucumbir ante la violencia que enrarece la atmósfera, donde el frío, la nieve y el hielo son una constante, como los hombres que la desean y la poseen.
Pátética la situación que narra cuando posa atada para un cuadro interminable o cuando la música con el aullido de los lemures la conduce a la nulidad del raciocinio. El logro de profundizar en el subjetivismo de los protagonistas y la plasticidad de los paisajes han avalado a la novela, para ser declarada en la revista virtual
Libros y Cultura
como el acontecimiento más interesante de mayo.
Mª. ÁNGELES ARAZO