El reino animal me confunde. Dice la revista
Science
que los grandes simios son capaces de planificar lo que harán mañana y de guardar un objeto que les pueda servir en el futuro aun cuando en el presente no parezca tener utilidad manifiesta. Es decir, los ancestros del ser humano son capaces de pensar en clave de “necesidad” y de “solución”. Hasta ahora, la propuesta me parecía una solemne tontada pero empiezo a entender por qué algunos se empeñan en concederles derechos: llegan más lejos que muchos humanos inoperantes, ineficaces y poco avispados.
Los estudiosos del Instituto Max Planck de Leipzig no han concretado si se trata de simios o simias y no quisiera yo caer en el prejuicio de atribuir los méritos a las excelencias del género femenino, pues no anda la relación mujer-reino animal demasiado fina últimamente.
Hace un par de días, sin ir más lejos, recordaba esa difícil conjunción el catedrático de Psicopatología Aquilino Polaino para quien “las superwoman” que trabajamos 16 horas diarias hemos hecho del hombre un “oso de peluche” cuando lo que necesitamos es un “tío en todos los sentidos” (sic).
La referencia a la preferencia animal en el comportamiento femenino no es nueva y sospecho que recuerda a alguna fantasía sexual masculina mal curada. De hecho, es conocido el chascarrillo que dice aquello de que la mujer necesita cuatro animales en su vida: un visón en el armario, un jaguar en el garaje, un tigre en la cama y un burro que lo pague todo. Para Polaino, sin embargo, necesita –necesitamos– “un tío” en lugar de un oso de peluche. No deberíamos olvidar, no obstante, lo sofisticados que fabrican ya a los peluches, capaces de comportarse como una mascota real, en contraste, por el contrario, a lo devaluados que empiezan a estar “los tíos en todos los sentidos”. Palabra de sobrina.
Visto así, quizás sea hora de reivindicar un estatuto de derechos para los osos de peluche que, al fin y al cabo, son más entrañables y tiernos que los “tíos” en no-sé-qué-sentido, pues tienen esa sensibilidad que la mujer agradece. La razón es, de nuevo, la capacidad para observar una necesidad y buscar una solución aunque sea con herramientas antiguas, guardadas por si acaso. Eso, que lo saben hasta los simios, parecen desconocerlo, sin embargo, muchos de los “tíos en todos los sentidos”. En todos.