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Jueves, 11 de mayo de 2006
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C. VALENCIANA
la TORRÀ
Fracaso educativo
A menudo cuando utilizamos la expresión “fracaso” en el periodo de formación del ser humano, tendemos a referirnos al “fracaso escolar”. Sin embargo, lo que se constata en buena parte de los jóvenes es la existencia de cierto fracaso no tanto –o no solo “escolar”- sino educativo, si es que ambos pueden separarse.

La diferencia entre ellos es la diferencia entre la formación intelectual y la formación humana en sentido amplio, es decir, los contenidos del saber, por un lado, y la construcción del ser por otro o, lo que es lo mismo, la diferencia entre capacitación y educación.

Ciertamente, en los niveles de educación básica no son separables, y ni siquiera lo son del todo en niveles superiores pues aunque la función de la Universidad no es educar, la formación en valores también se desarrolla en ese entorno donde se capacita intelectual y profesionalmente al estudiante.

Sin embargo, en este punto conviene diferenciarlos para intentar abordar una realidad que golpea insistentemente desde los medios de comunicación y no muestra signos de recuperación como indican algunos titulares periodísticos: “Los delitos cometidos por menores han aumentado un 13% en 2005, según la Fiscalía”; “el consumo de alcohol de los jóvenes ha subido un 15% en los dos últimos años, según el Plan Nacional sobre Drogas”; “en España, ha aumentado el consumo de cocaína y de cannabis, según el Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías”; “los jóvenes valencianos empiezan a beber a los 16 años, según Sanidad”…

Ante estos datos cabe pensar que el fracaso ni es achacable solo a una política–sea la de Camps, como afirma Bernabé, sea la de Elena Salgado, como censura el PP- ni puede evitarse solo con medidas prohibicionistas o, por el contrario, con “paños calientes” que eviten un trauma al chaval en el presente pero se lo dejen preparado para el futuro.

Lo más irresponsable, por tanto, es que la clase política use los datos como arma arrojadiza contra la oposición cuando lo que están pidiendo a gritos es coordinación, análisis profundo y soluciones eficaces, al margen de su paternidad política. Lo contrario es, de nuevo, un uso sonrojante de la realidad para el beneficio electoral de unos pocos. Como otras veces, la fiebre es un síntoma, no la enfermedad. El fracaso en Sanidad o en Justicia es indicio de otro anterior y más profundo: el educativo.



 

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