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Miércoles, 10 de mayo de 2006
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tienda de campaña
Una vía para trabajo y ocio
Cavanilles, el botánico andarín, hizo meter en sus Observaciones el grabado truculento del puente del Mar para que el rey viera con sus ojos cómo estaba el asunto: con dos arcos partidos a causa de una riada brutal del Turia. ¿Cómo pasaban los valencianos el río, rumbo al mar, cuando no había puente? Del mismo modo que pasaban las noches cuando no tenían pan.

Transcurrieron muchos años hasta que el rey, ahora Carlos IV, pudo venir a Valencia con su familia para transitar oficialmente por un camino nuevo que se había trazado, recto entre la huerta, desde las tapias del convento de San Juan de la Ribera y ese puerto de nuestros desvelos que cada año se lo quería tragar el mar. El cami del Grau es una obra de 1802. Pese al hambre, antes de lo de Napoleón hay un regeneracionismo ilustrado que entiende el valor de una Valencia que debe crecer junto al mar.

Si lo recuerdo es porque hoy, con agobios de última hora, muy en nuestro estilo, va a quedar dispuesto, aunque falten cien detalles, el formato nuevo que el Ayuntamiento ha decidido darle a la avenida del Puerto para que afronte el siglo XXI con una cara más cosmopolita. Los principios de siglo parecen buenos para Valencia. En 1909, otro rey, Alfonso XIII ahora, se vino a inaugurar la Exposición Regional. Uno de estos días hermosos de mayo, fue el primer monarca que recorrió la avenida del Puerto al volante de un automóvil. En cinco minutos, campechano y con su pitillo, se plantó en el puerto y tomó la caña del “¡Dios salve a la Reina!”, el yate real. El puerto comercial estaba intuyendo por ver primera el valor del mar para los deportes.

Yo he conocido esta avenida como un túnel de plátanos frondosos: el paso a nivel atascaba la circulación horas enteras, mientras las caballerías iban dejando bajo la fronda un aroma inconfundible de establo. El puerto, una herramienta inseparable de Valencia, no tenía entonces otro acceso que la avenida del Doncel Luis Felipe García Sanchíz, la más larga de la ciudad en nombre y extensión. Una vía siempre querida, entrañable y primordial para Valencia.




 
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