Hay bares en la provincia de Valencia que echan fuego cada quince días. El día de las carreras se atiborran de aficionados a las motos y, en concreto, a sus ídolos, a los pilotos valencianos que están asomándose al mundo tanto en 125 como en 250 c. c. Uno de ellos es el Paddock y está en Llíria. Allí se reúnen los seguidores de Héctor Faubel, entronizado desde el pasado domingo, cuando ganó en Turquía, en 125, su primera carrera. El edetano comprobó el impacto de su éxito un día después, ayer, cuando se encontró en el aeropuerto a medio centenar de seguidores, integrantes de su peña y familiares. “Esto es un sueño. No me esperaba un recibimiento así. Es muy bonito porque esto te demuestra que te quieren. Estoy muy agradecido y muy emocionado”, explicaba Héctor Faubel.
El xiquet de Llíria es un piloto al que le cuesta exteriorizar la alegría. Es difícil arrancarle una sonrisa y camina hasta el coche con rostro impertérrito. Sólo tiene concesiones con alguno de sus amigos, como José Antonio Sánchez, que luce un pendiente con el número 55 (el que lleva Faubel en el carenado) y otro en un colgante. el dueño del Paddock, donde el jueves, como es tradición, se reunirán en torno a Héctor para charrar sobre las carreras, las motos, su pasión.
A por el título
El próximo jueves les contará cómo ganó en Estambul y como pretende luchar por el título, algo que se ha convertido en una fijación. “Ahora hay que estar centrado en las próximas carreras para poder luchar por el campeonato”.
A su lado, siempre discreto, educado, solícito, camina Sergio Gadea, que lleva dos carreras seguidas subiendo al podio. El piloto de Puçol observa con envidia sana a Faubel y sueña con algo parecido. “Merece la pena hacerlo bien para tener un recibimiento así. Y esto te da más ganas todavía”, comenta Gadea, que tampoco derrocha alegría.
Y a su sombra, incrédula, se relame Majo. Ella, la jefa de prensa del Team Aspar, sabe de sobra cómo es de duro este negocio y sabe que escasean jornadas como las de ayer. Son muchos años encadenando regresos anónimos, sin nadie al otro lado de la puerta en la terminal. Y disfruta, ella sí, el momento. “Esto es una pasada”.
El otro bar que vibra cada domingo de carreras es el Barberá 80. Lo acabá de inaugurar Voro, el padre de Héctor, que el pasado domingo subió al podio en 250 c. c. El piloto de Dos Aguas, segundo en Turquía, pasa como una exhalación, saluda a su gente, a su novia, recoge a su perra –Nala, un bulldog francés– y se marcha hacia Paiporta. Muchas emociones quedan atrás...