Nadie puede negar la belleza totémica de las dos torres de ladrillo, que se alzan próximas al hotel del Rey Don Jaime, en el mismo límite de la nueva ciudad. Se salvaron por puro milagro; y ahora llega la buena noticia de que también en Quart de Poblet permanecerá una de la Factoría Turégano, que data de 1920; manteniéndose también una acequia de riego que permanecerá iluminada.
En Valencia y en su entorno huertano se han derribado chimeneas que eran auténtico homenaje a un trabajo artesanal, muy nuestro, el de un pueblo que se familiarizó siempre con el barro y el fuego, que utilizó el ladrillo para sus casas y sus campanarios.
La
rajola
se empleó ya, en esta tierra, como material de construcción en la época romana; y en el pavimento la loseta adoptaba la forma de un paralelogramo rectángulo o romboidal que admitía plural colocación.
Las primeras citas sobre los
rajolers
aparecen en crónicas de 1307, en donde se especificaban los precios de los ladrillos. Sería en 1392 cuando Juan I instituyó el gremio de braceros, que incluía a los albañiles, pero los
rajolers
por el dominio específico consiguieron gremio independiente en 1484.
Resulta admirable pensar que levantaban las chimeneas sin necesidad de andamios, porque el albañil y su ayudante iban superponiendo
les rajoles
a su alrededor, se encerraban en ese espacio circular donde también sujetaban hierros a modo de peldaños y con soga y capazo, les proporcionaban el material.
El fin práctico lo dotaron de sutil estética; y las chimeneas muestran en su cara externa formas y dibujos perfectos, relieves en zigzag, hendiduras geométricas y hasta incrustaciones de azulejos, bien en una cenefa final o secciones simétricas.
Resaltar que Paiporta dio un ejemplo al salvar la antigua fábrica El Rajolar de Bauset con su altiva chimenea. La adquirió el Ayuntamiento en 1984 para convertir la edificación en museo. Mantiene el
terrer
, las balsas (hoy albercas), las eras, los espacios donde amasaban el barro y el horno. Páginas vivas de historia y arqueología.