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Domingo, 30 de abril de 2006
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Valencia
Delirio en Orriols
El Levante, pese a jugar con diez, noquea al Hércules y es tercero tras la derrota del Almería
El Levante, pese a jugar con diez, noquea al Hércules y es tercero tras la derrota del Almería
La pócima empieza a dar sus frutos. El Levante vuelve a ocupar con todo merecimiento un lugar privilegiado. No todos los días se sube al podio y su presencia en el tercer escalón de la tabla debe ser un motivo de orgullo para todos quienes componen la entidad. En especial para los jugadores que, pese a la adversidad que siempre supone afrontar 45 minutos con un guerrero menos, fueron capaces de noquear al rival. Además, lo hicieron gustándose, porque el segundo gol echó el lazo a un partido sin demasiadas luces.

La tarde fue redonda. Se ganó al Hércules, perdió el Almería en Murcia y la carga de emotividad que arrastra la tercera victoria consecutiva debe suponer la entrada de manera definitiva en selecto grupo de los grandes. El Levante que encara el tramo final de Liga reúne unas características bien definidas, matices que de sobra se comprobaron en este duelo contra el equipo alicantino. Dibuja unas primeras partes llenas de garabatos sin excesiva lógica para acabar los últimos minutos de cada partido plasmando unas líneas cargadas de inspiración capaces de trocear a cualquiera.

Una primera para aburrir...
Es la historia de siempre. Al Levante le cuesta carburar. Arranca en primera y transita con marchas cortas hasta que se da cuenta de que la carrera se agota para pisar el acelerador a fondo. Por suerte, siempre cuenta con un ramalazo de calidad en el momento decisivo para dar un vuelco radical y brutal al panorama. Al Hércules de nada le sirvió manejar en algunos minutos mejor el balón y tampoco sacó rendimiento a su superioridad numérica tras la inocente expulsión de Courtois. Una décima de lucidez de Riga en el pase y la mordedura de un Manchev que empezaba a ser cuestionado por la grada por su ausencia, sobraron para inyectar el veneno.

Siempr pasa lo mismo. El Levante da la sensación de permitir a sus víctimas vivir pero cuando menos se lo esperan, les rebana el pescuezo. La primera parte fue un suplicio. Sólo un golpeo escorado de falta de Harte desde fuera del área que se estrelló en el larguero agitó el aburrimiento de los espectadores. Nadie, ni levantinistas ni herculanos, fue capaz de tan siquiera mandar el balón entre los tres palos. Únicamente el gol del Murcia al Almería sirvió como aliciente. Las cosas empezaban a pintar bien. Lo difícil, primas de unos y otro aparte, empezaba a ponerse de cara. Sólo le restaba aumentar un poco más el grado de implicación, reordenar las ideas y de saber administrar la gasolina para la segunda mitad.

Con diez sobre el campo, y como ha ocurrido ya esta temporada en 10 ocasiones (son ya expertos), el Levante fue cosiendo el partido a su medida. Detrás empezaba a crecer la figura del capitán Descarga, N’Diaye tomaba el timón de la responsabilidad y sólo faltaba esperar el momento adecuado para la mordedura. Como siempre, letal.

El picotazo de Manchev dejó grogui a un Hércules que pese a los cambios nunca mejoró su apática imagen. El Levante se dedicó a hacer lo que mejor sabe. Se deshizo del traje de corderito de sus primeras mitades y se adaptó al contragolpe. Y ahí este equipo es mortífero. La grada, más despierta que nunca, empezó a disfrutar y sus futbolistas a gustarse. El ejemplo de todo es el envío de Nagore. Un centrocampista cuyo perfil es el de contemporizar y destruir hizo un gol lleno de imaginación, picardía y talento. Delirio en Orriols. El Levante vuela.



 

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