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Obligados a marcharse
La Estación del Norte acoge una muestra sobre la emigración y los valencianos que huyeron de la gran helada de 1956
La Estación del Norte acoge una muestra sobre la emigración y los valencianos que huyeron de la gran helada de 1956
Obligados a marcharse. A hacer las maletas, coger cuatro trastos, huir de la miseria y buscar trabajo en lugares más prósperos. España ha sido un país pobre que levantó cabeza gracias principalmente a la emigración. Olvidarlo conduce directamente a la insolidaridad. Algunas iniciativas culturales recuerdan nuestras raíces como colectividad nacional.

La Estación del Norte de Valencia acoge desde ayer y hasta el próximo 26 de mayo –justo un mes– la exposición Lejos de Casa, en la que se muestra una selección de fotografías y documentos sobre la emigración española a Francia, Argentina y Alemania durante finales del siglo XIX y segunda mitad del XX.

La exposición, en dos salas y con abundantes paneles explicativos, ha sido organizada y promovida por la Fundación Bancaja, y cuenta con la colaboración del Museo Valenciano de la Ilustración y Modernidad y el Centro para el Estudio de la Inmigración.

La primera de las tres secciones de la muestra, denominada La esperanza americana, exhibe imágenes y documentos administrativos de los españoles que durante los años 30 decidieron “hacer las Américas” en territorios argentinos.

La emigración a Alemania, que se dio principalmente en la década de los 60 y 70 del siglo pasado, se centra en la sección Un paso doble. A través de 36 fotografías en color, permite conocer las experiencias de aquellos que optaron por buscar allí un mejor nivel de vida y que, en varios casos, tuvieron que padecer un nuevo exilio al regresar a España, aunque muchos decidieron quedarse definitivamente en sus países de adopción, donde habían logrado levantar cabeza y donde vivían y trabajaban sus hijos y nietos.

Hace medio siglo
El tercer apartado de la exposición versa sobre El éxodo hacia Francia registrado en la segunda mitad de la década de los 50. Es un apartado en el que los protagonistas son valencianos, ya que recoge imágenes y testimonios de un grupo de personas de la comarca de La Safor que vivieron esa experiencia.

El motivo de la emigración masiva fue la gran helada de 1956. Hace exactamente medio siglo. La tragedia, porque una tragedia fue, no se recuerda a menudo. Cincuenta años es, para la vida humana, casi una eternidad. Pero muchos de quienes vivieron aquel éxodo en busca de una vida digna volvieron a Valencia y cuentan en el catálogo sus experiencias como emigrantes.

La helada del 56 fue tan fuerte que se partieron las cepas de los árboles. Meses después hubo que tomar la decisión de marcharse de casa. La muestra aporta numerosos testimonios de gente de Oliva. Catorce o quince personas viajaron desde la Estación del Norte de Valencia, la misma que ahora acoge la exposición, hacia Francia.

Unos tenían un amigo en París que tal vez podía encontrarles trabajo, aunque fuese de temporeros. Otros tenían familiares que los acogían durante unas semanas hasta que encontraran acomodo y una forma de ganarse el sustento.

No es una exposición amable
Carlos Pérez, asesor de Román de la Calle en el MuVIM y comisario de Lejos de casa, reconoce que esta no es, en modo alguno “una exposición amable”. No, porque tras la historia de cada uno de los emigrantes que aparecen en las fotografías, “aparecen hechos terribles”. El hambre azotaba las zonas más deprimidas del país. Principalmente Andalucía, con un 29 por 100 de la emigración española en aquellos años, y un 18 por 100 del litoral mediterráneo: catalanes, valencianos y murcianos.

La gran helada de 1956 asoló la agricultura valenciana y centenares de labradores tuvieron que iniciar “el viaje sin regreso a un país de la Europa desarrollada que nunca sintieron como suyo”, rememora Carlos Pérez.

Lejos de casa se compone de varios centenares de fotografías, algunas muy antiguas y únicamente con el rostro de los emigrantes. Hay asimismo documentos con el registro civil de entradas a los diversos países de acogida. Por último, también se incluyen imágenes actuales de varias familias que tuvieron que salir de sus casas en busca de trabajo.

El pasado y el presente se confrontan así en un montaje dialéctico sobre el paso del tiempo y el cambio de los condicionamientos sociales. No hay lecturas políticas en primera instancia. Sí las hay en el subtexto: los gobiernos incompetentes, la dictadura franquista y la autarquía hizo sufrir a muchísimos españoles.

Bancaja no ha querido mostrar estos testimonios en los espacios habituales de los circuitos artísticos de Valencia. Ni el MuVIM ni las Atarazanas, que por otra parte hubieran sido unas opciones más que dignas, eran sin embargo las mejores alternativas.

Homenaje simbólico
El objetivo de Lejos de casa, que evoca el extrañamiento psicológico y material de la emigración, ha encontrado su lugar natural en la Etación del Norte.

“La intención ha sido acercar la muestra a las personas que no suelen acudir a los espacios de arte, muchas de ellas también emigrantes que, todos los días, utilizan los transportes públicos, y realizar un homenaje simbólico, emplazado en una estación de ferrocarril, uno de los puntos de partida más frecuentes para muchas personas que se vieron obligadas a dejar el país, temporal o definitivamente”, afirman los responsables de la exposición.

Ximo García Roca, del Centro de Estudios para la Integración Social y Formación de Inmigrantes, aporta en el catálogo un largo texto, El porvenir de las migraciones. Escenarios en el siglo XXI, en el que reflexiona sobre los momentos actuales y los nuevos que han surgido en la desequilibrada relación Norte-Sur.

“Asistimos hoy a la mutilación de la ciudadanía a manos del territorio y la nacionalidad”, sostiene García Roca. “Desde la perspectiva política, no todos los inmigrantes tienen garantizados sus derechos civiles, políticos o sociales. Lo cual significa la muerte legal o el secuestro de la dignidad”, añade el experto.

rmari@lasprovincias.es



 

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