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Sábado, 15 de abril de 2006
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C. VALENCIANA
la torrà
Judas
Al margen de la discusión teológica y de las interpretaciones que puedan hacer los expertos bíblicos, no deja de resulta extraño el modo como se presentan determinados mensajes que cuestionan la fe cristiana.

Sin perjuicio de que pudiera ser cierto y, lo que es más importante, que pudiera tener cierta relevancia en la fe que conocemos, lo que produce extrañeza es, por un lado, el interés por estos temas en medios que rechazan habitualmente todo lo religioso y, por otro lado, la insistencia en que la fe es un engaño que algunos en la Iglesia pretenden mantener para seguir en el poder. Es el mensaje del Código Da Vinci, novela infame aunque exitosa, y del llamado “Evangelio de Judas”, reportaje y tendenciosa recreación del National Geographic que intenta desvelar claves divinas mientras deja en duda el dato principal: quién y cuándo se encuentra el pergamino.

El primer elemento, el absoluto desinterés por todo lo relacionado con la Iglesia católica, se puede ver en medios preocupadísimos por explicar a sus lectores qué es el Ramadán pero empeñados en manejar tópicos respecto a la Semana Santa por no preocuparse en aprender un poco sobre la fe de los católicos. Incoherentemente, sin embargo, destinan páginas y más páginas a cuestionar el purgatorio o a rehabilitar a Judas. No deja de ser un acto de hipocresía presumir de laicista pero dedicar ríos de tinta a cuestionar algunos puntos de la Doctrina católica. Si Dios no existe, ¿a qué preocuparse por lo que creen quienes creen en él?

La cuestión de fondo parece ser el segundo elemento, esto es, tener “pruebas” de que la Iglesia miente por interés gremial. ¿Por qué? Porque una Iglesia fuerte, como la de Juan Pablo II y la de Benedicto XVI, es molesta en todas partes. Una Iglesia de convicciones fuertes hace que sus fieles se mantengan aferrados a su fe, velada acusación a San Irineo en el reportaje de la National Geographic.

La clave radica en la credibilidad de la Iglesia. Si nadie confía en lo que dice, poca influencia tendrá y, por tanto, se la podrá arrinconar e ignorar. La forma de obtener ese seguro de “desconfianza” es presentarla como “engañabobos” permanente: sea con un Opus Dei empeñado en ocultar la paternidad de Cristo como se muestra en el “Código”, sea ante el Evangelio apócrifo de Judas, quizás cierto, quizás auténtico y quizás absolutamente irrelevante.



 

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