Contra su costumbre, ‘Il Cavaliere’ permaneció callado toda la noche del lunes y ayer hasta las siete de la tarde. Cuando apareció se mostró tranquilo y convincente, explicando que él se limita a esperar que todas las comprobaciones de control confirmen los resultados. Parecía hasta humilde, haciendo gala de una gran deportividad ante la imagen de un Prodi que se tiró a la piscina de madrugada celebrando el triunfo antes de tiempo. “De quien había repetido mil veces en la campaña que había que unir este país y nos culpaba de dividirlo, uno se esperaba una actitud más responsable, y él festejaba sin saber qué ocurría con el Senado, como si no existiera”, atacó.
Su tranquilidad se debía a una simple constatación: Berlusconi no ha perdido, aunque lo digan los números. Su derrota ha sido por la mínima y no ha habido ningún cataclismo. Todos los sondeos se han equivocado y no han visto su remontada, en la que él confiaba contra el escepticismo general. Ha sido una nueva demostración de su energía titánica, sigue manteniendo intacto su tirón y de paso el liderazgo del centro-derecha. Su coalición, que parecía resignada a la derrota aparecía de nuevo conm .