La Federación de Empresas Agroalimentarias de la Comunidad Valenciana (Fedacova) celebró ayer una jornada para tratar sobre el futuro del sector, que se debate entre la tradición de actividades y firmas de amplia trayectoria, con predominio de su carácter familiar, y la innovación que es cada día más necesaria para competir.
Para ilustrar el dinamismo emprendedor de las firmas agroalimentarias valencianas, su presidente, Federico Félix, indicó que, con frecuencia, las exigibles tareas de I+D+i ‘‘descansan sobre el propio empresario, porque es algo consustancial a su estilo, acostumbrado a producir de cara al mercado y a depender de los gustos del cliente’’.
Jorge Jordana de Pozas, secretario general de la Federación Española de Industrias de Alimentación y Bebidas (FIAB), pintó un panorama bastante desalentador sobre el presente y el futuro, a nivel nacional. Dijo que el sector sufre un estancamiento; en conjunto, desde hace años no crece.
Saldo exportador valenciano
La culpa de este ‘parón’ es de las importaciones, que están invirtiendo el sentido que antes predominaba en España, que ha pasado de ser un país con claro saldo exportador de alimentos a casi equilibrarse con las importaciones, que crecen de año en año. Y las importaciones aumentan porque Europa ha abierto las puertas y muchas empresas no pueden competir con los salarios bajísimos de otras partes.
Frente a estos datos pesimistas, Federico Félix mostró otros que, referidos a la Comunidad Valenciana, son más positivos. Las exportaciones agroalimentarias anuales alcanzan los 3.545 millones de euros, mientras que las importaciones están en 1.823 millones. El saldo favorable es de 1.722 millones, con una tasa de cobertura del 194,4%.
En cambio, la tasa de cobertura española ha descendido a sólo un 115,1%, con 21.506 millones de exportación, 18.682 de importación y un saldo de 2.823, que se va reduciendo. La exportación valenciana supone el 16,5% del total y su saldo exportador representa el 61%.
La clave de este mejor comportamiento valenciano está, según Félix, en la diversificación de nuestras producciones, en la secular cultura exportadora de una región volcada tradicionalmente a los mercados de fuera, en el compromiso permanente de esforzarse para innovar, modernizarse y competir, y también en ‘‘la aportación de empresas de distribución con sede en nuestra Comunitat, que han incentivado nuestro crecimiento’’.
Pero Félix advirtió que aquí también se sufre con dureza la competencia barata y en aumento de fuera, frente a la que no cabe más que resistir a base de ‘‘dar más calidad, porque también hay cada vez más consumidores que pagan por lo mejor, y a exigir que los competidores de otros países trabajen cumpliendo las mismas normas laborales, medioambientales, sanitarias...’’
Sobre las frecuentes alarmas alimentarias, como la gripe aviar, dijo Félix que ‘‘la sociedad está excesivamente sensibilizada ante cuestiones que, como luego se ve, no se reflejan en nada, y en cambio se causan grandes pérdidas a los sectores implicados, que normalmente trabajamos con márgenes muy ajustados y cualquier cuestión de este tipo nos aboca al desastre económico’’.