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Viernes, 31 de marzo de 2006
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Valencia
Un Tirant gélido
mikel labastida

Tirante el Blanco (***)

2006. España, Reino Unido e Italia. Aventuras.

Director: Vicente Aranda.

Intérpretes: Caspar Zafer, Esther Nubiola, Leonor Watling, Ingrid Rubio, Victoria Abril, Charlie Cox, Rafael Amargo.

CRÍTICA DE CINE

Tirante el Blanco, nuestro Tirant, se merecía un salto al cine. Es uno de los caballeros universales de la literatura y ha servido incluso de referente para el Quijote, pero hasta ahora nadie se había atrevido a ponerle rostro y voz propia (excepto una menor versión televisiva).

No era una tarea fácil, teniendo en cuenta los largos monólogos de los que se compone la novela y los numerosos juegos de palabras y retruécanos, que Aranda ha calificado de vanguardistas para su época.

La extensión era otro escollo que el director debía superar. De los cinco tomos que componen la obra, Aranda ha elegido el episodio de Tirant en Constantinopla. La historia se inicia con la llamada del embajador de Bizancio a Tirant para que libere su imperio del asedio de los turcos. Pero el caballero tendrá que lidiar una lucha más fuerte al enamorarse de la joven Carmesina, heredera del trono, que se niega a entregarle su bien más preciado: la virginidad. Sin embargo, sus doncellas verán en este arma la única manera de salvar el reino.

De Tirant se ha dicho que es una novela total, cortesana, militar, erótica y psicológica, sustentada por una trama rica y variada. Y quizá ese es el problema de la película, que, tras verla, uno no tiene la sensación de haber disfrutado de un filme redondo, capaz de suscitar erotismo, intriga o pasión. Es un trabajo frío (como el actor protagonista), que no termina de atrapar, sin sobresaltos ni sorpresas y en el que la lucha de Tirant para salvar el reino queda olvidada en un segundo plano para centrarse en las continuas corredurías de los protagonistas de habitación en habitación, que terminan por cansar. Y al final parece que Aranda se queda con la anécdota y no se adentra con fuerza en el corazón y leitmotiv del Tirant.

Pese a todo merece la pena destacar el trabajo de las actrices, verdaderas artífices de la obra, empezando por Watling y Rubio, doncellas que no pararán hasta que logren que su señora pierda la virginidad en manos de Tirant. Las dos están sibilinas, intrigantes y llevan con maestría las riendas de la película.

Victoria Abril (feliz reencuentro tras diez años con un guiño a El Lute incluido) representa la otra cara de la moneda. Inventa toda serie de argucias para que el amor entre los protagonistas no se lleve a cabo. Aranda vuelve a demostrar la capacidad que tiene para sacar el lado perverso y mezquino de Abril. El sello de Aranda esta vez no es el erotismo (está más comedido que nunca), sino el humor que impregna la trama, como la rocambolesca e hilarante (y nada romántica) secuencia en la que Tirant y Carmesina consuman su amor, ayudados manualmente por los criados.

mlabastida@lasprovincias.es



 

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