i así se vivió el siniestro i
“La gente chillaba y corría sin parar”
Un interno de la residencia de discapacitados relata a sus familiares“el miedo que pasó” al iniciarse las llamas y extenderse la humareda
Un interno de la residencia de discapacitados relata a sus familiares“el miedo que pasó” al iniciarse las llamas y extenderse la humareda
En el jardín de la residencia San Lorenzo de Brindis reinaba ayer la calma. A excepción de varios cartones quemados amontonados junto a una de las entradas del centro, nada recordaba ayer el anochecer de agitación y nervios vivido en ese mismo lugar a última hora del martes.
Sólo la preocupación reflejada en los rostros de algunos familiares de los discapacitados que se acercaron por la mañana a la residencia demostraba la tensa noche pasada. “Ahora estamos más tranquilos”, explicó Antonio Cozar, hermano de un hombre de 55 años –enfermo de esquizofrenia– internado.
Todos “muy nerviosos”
El hombre relató los angustiosos minutos vividos por su hermano. El enfermo se hallaba en la segunda planta del edificio, como la gran mayoría de los 120 internos, y su vida no corrió peligro. “Pero pasó mucho miedo”, aseguró Antonio.
Humo. Pequeñas explosiones. Revuelo en la residencia. Sirenas, policías y bomberos. La tranquilidad de las personas ingresadas se vio truncada pese a estar alejados de la letal enfermería.
“Me ha contado que se enteró al ver que llegaban los bomberos. Dice que todos sus compañeros, al igual que él, se pusieron muy nerviosos”, relató. El hombre puntualizó que su hermano se pasa buena parte del día “medicado a causa de su enfermedad”, por lo que no fue totalmente consciente de lo que ocurría.
“Sí que me dijo que la gente chillaba y corría sin parar”, recordó. Otra hermana de Antonio acudió la misma noche del martes a interesarse por la salud de su familiar. “Yo me he enterado esta mañana por la tele y me he acercado a fumarme un cigarro con él y a charlar”, señaló.
“Hubiera muerto también”
Aliviado y sonriente tras visitar a su hermano señaló: “Ahora está bien”. También había dolor entre los familiares del dueño del centro. Este perdió a su padre –Alberto, de 80 años– en el siniestro. Vicente Beneyto, un cuñado del fallecido, aseguró. “Mi familia está muy mal”.
“Intentó sacarlos de la enfermería, pero si llega a entrar hubiera muerto también”, afirmó mientras agachaba la cabeza pensativo.
Los empleados también recordaban ayer la angustia sufrida. “Todo ardió muy rápido y no se pudo hacer nada”, indicó un trabajador que prefirió no difundir su identidad. Destacó que los responsables del centro pusieron “todo su empeño” en sacar rápido al resto de discapacitados por si el fuego se extendía.
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