El escritor cubano Rafael Rojas, que obtuvo ayer el Premio Anagrama de ensayo con
Tumbas sin sosiego
, una obra sobre la revolución castrista, la disidencia y el exilio, afirma que para entender la vida de los intelectuales en la Cuba actual “hay que leer no sólo las palabras, sino también los silencios”.
L
a frase “soy rehén de mis palabras y dueño de mis silencios” sigue viva. En realidad es de eterna actualidad. Lo malo es que a veces ni siquiera los silencios son una guarida segura. Las
palabras del silencio
resultan en determinadas ocasiones muy elocuentes. Y muy peligrosas.
E
n su libro de memorias
¡Tierra, tierra!
, el escritor húngaro Sandor Marai hace balance de la situación que vive en su propio país tras la segunda guerra mundial, cuando los comisarios estalinistas se han hecho con el control de Hungría, un proceso que comienza en 1945 y se consolida en 1948, con la colaboración decisiva, policiaca y delatora del inteligentísimo Giörgy Luckács (1885-1971).
M
arai decide marcharse de Hungría cuando se da cuenta de que el estalinismo no le va a permitir callar. Por instinto de supervivencia no ha hecho declaraciones críticas, no se ha señalado, ha sido discreto y dócil. Pero eso no basta. Guarda silencio y ese silencio es muy sospechoso, le compromete. Lo mejor es poner pies en polvorosa.
P
ies en polvorosa. Frase hecha muy gráfica y visual que uno no sabe muy bien qué quiere decir o cuál es su origen. En el periodismo hay que rehuir los lugares comunes, pero a veces ¡son tan eficaces para la comunicación rápida! En cualquier caso, mejor las frases hechas que la pedantería o el estilo retorcido.
S
ilvana Pampanini (Roma, 1925) tenía previsto asistir como figura invitada al Festival de Cine de Las Palmas. No ha podido hacerlo. Por motivos de salud, ha cancelado el viaje.
A
Terenci Moix le presentaron en los años 70 al pintor metafísico italiano Giorgio de Chirico (1888-1978). Terenci sóltó un espontáneo “¡Creía que estaba usted muerto!”, a lo que Chirico replicó con buen humor: “Ya ve que no, aunque no creo que tarde mucho en hacerlo”.
P
ues bien, yo creía que la despampanante Pampanini de los melodramas y comedias italianas de los 40 y 50 había fallecido hace años. Mi cinefilia ya no es lo que era. El almacén de datos empieza a quedarse viejo. Siempre me quedará Internet.