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Miércoles, 22 de marzo de 2006
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Valencia
¿Fallas especiales o fallas de Especial? (II)
Hace aproximadamente un año me pronunciaba acerca de la polémica suscitada por las notables diferencias presupuestarias existentes entre las fallas pertenecientes a la categoría de Especial y la adulteración que ello podía provocar en la lícita competición por alcanzar el primer premio.

Visto lo acontecido este año no puedo más que ratificarme en la propuesta que formulé en aquel artículo, que amablemente publicó LAS PROVINCIAS, añadiendo algún otro dato para contribuir a arbitrar la solución que, según recientes informaciones recogidas en este mismo diario, desea alcanzar el concejal de Fiestas y presidente de Junta Central Fallera, mi buen amigo Félix Crespo.

Apuntaba entonces que la solución debía pasar por fijar un límite presupuestario también en la categoría Especial, creando nuevas categorías si alguna comisión estaba dispuesta a plantar un monumento que lo superara. Incluso con otro límite para esa nueva categoría y así sucesivamente –no es preciso definir a priori una infinidad de categorías, bastaría con dejar hecha la previsión y crearla sólo si se dan las circunstancias para ello–. Con este sistema entiendo que se conseguiría el doble resultado de poder disfrutar de monumentos de una magnitud no vista hasta la fecha, con el de no mermar la ilusión de las comisiones por alcanzar un primer premio resignándose, como les sucede ahora, a luchar “sólo” por el segundo.

Por otra parte creo que a todas las comisiones, incluida la que preside Juan Armiñana, lo que verdaderamente les gusta es lograr la victoria sobre las restantes de su categoría. Por eso, si hay una que persiste en aumentar cada año de forma desmesurada el presupuesto de su falla y ninguna otra lo secunda, en esa nueva categoría que se crease sólo competiría ella, perdiendo el aliciente y encanto que entraña toda disputa por ser la mejor. Sería casi como la que planta el Ayuntamiento: “fuera de concurso”. Y eso, mucho me temo, le restaría la motivación que mueve a todo fallero a trabajar por plantar el mejor monumento, no sólo el más caro. Entiendo que, ante esa tesitura, lo más probable es que el señor Armiñana aquilatase su presupuesto al límite que se fijara para la categoría de “especial”.

No estoy pretendiendo con este planteamiento alentar el conformismo, como desde algunos sectores se pretende, impidiendo iniciativas como la llevada a cabo desde hace dos años por la comisión de Nou Campanar. Siempre he sostenido que todo lo que sirva para aumentar la magnificencia de la fiesta fallera debe ser bien recibido, pues en definitiva redunda en beneficio del colectivo fallero y de la ciudad de Valencia. Pero ello no debe ser incompatible con el deseo de aquellas comisiones cuyos presupuestos superan con creces los que destinan las fallas de la categoría 1.ª A por alzarse con el triunfo en una categoría superior. Además, siempre podría darse el caso de que alguna otra se animase y luchase por recaudar más fondos para competir en la nueva categoría.

Lo que sostengo, en resumen, es que se pueden compatibilizar los intereses de quienes pretenden alzar monumentos cada vez más espectaculares y están dispuestos a invertir cantidades desconocidas hasta la fecha en nuestra fiesta con los de quienes no pudiendo disponer de esos recursos quieren luchar por ser los mejores en una categoría especial, entendiendo por tal la que está por encima de la de 1.ª A.

Creo que el planteamiento es bien simple: de la misma forma que no existe un mínimo para plantar una falla no debe fijarse un límite, pero tampoco es bueno para la competición entre fallas que sólo se aspire a ganar el segundo puesto, ante la imposibilidad de conseguir una inversión desmesurada. Por eso defiendo esta postura y creo, por el contrario, que resulta bastante hipócrita ampararse en criterios puristas para sostener que debe limitarse la inversión en el monumento o el lugar de la demarcación en el que se planta –lo mismo me da–, cuando lo único que se pretende es dejar tuerto al rival aunque ello suponga quedarse ciego.




 
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