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Miércoles, 22 de marzo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
GRANDES ALMACENES
El perro, un familiar más
Los perros pueden aprender palabras con sólo oirlas en las conversaciones de los humanos y comprender su significado, sobre todo si viven integrados de forma activa en una familia.


L o explicó ayer en Madrid Adam Miklósi, director de investigaciones de Etología de la Universidad de Budapest y editor de la revista Animal Cognition . Antes se creía que los ladridos no tenían significado y que los perros sólo emitían ese sonido en estado de excitación. Ahora se sabe que hay diferentes tipos y que se emiten en situaciones distintas.


M iklósi y su equipo han grabado ladridos de más de 100 perros, que hacen escuchar a canes y a humanos en busca de las emociones que sienten al oirlas, y visitan perros en sus propias casas o los reciben en la Universidad, donde esconden comida en contenedores para que el perro la encuentre. El biólogo conoce el caso de un perro que entiende hasta 200 palabras.


E l mundo animal sigue siendo poco conocido. Al menos, en su oscura potencialidad. Tal vez los perros vivan desde hace tiempo una lenta evolución hacia formas avanzadas de inteligencia. Con frecuencia, la mirada de un perro es más compleja (y por supuesto más bondadosa) que la de gran parte de los humanos.


T enía informaciones contradictorias sobre Volver , de Almodóvar. Amigos de cuyos criterios me fío me habían hablado de la película, unos bien y otros mal. Fuí a verla a una hora extraña: las 3 de la tarde, en Espai Campanar. Me conmovió esta historia sobre la muerte y la solidaridad entre unas mujeres a las que nunca se presta atención, que no tienen voz histórica salvo para retratarlas en episodios castizos de risa o irritación doméstica.


E s una película crepuscular, serena y desesperada a la vez y, como Hable con ella , muy confesional y sincera. Hay una declaración de Almodóvar que pone sobre la pista: “No estoy preparado genéticamente para ser feliz”.


U na cosa en la que nadie ha reparado: el final de Volver es un homenaje al de Siete mujeres , de John Ford, con Carmen Maura, tomando el relevo de Anne Bancroft, desapareciendo de espaldas al espectador en un oscuro pasillo de pueblo. Cálida despedida a un querido personaje.


N o es sólo un bonito detalle cinéfilo. Es sobre todo una declaración de principios. Pero para comentar ese aspecto de Volver , el espacio de una columna resulta insuficiente.



 

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