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Sábado, 18 de marzo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
GRANDES ALMACENES
Doble vara de medir
Noticia de ayer: “Las autoridades madrileñas exigen que se prohiban los próximos días 24 y 25 las actuaciones de un artista homosexual”.


La presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, entregó al obispado esta nota: ‘Los madrileños protestamos y expresamos nuestra indignación por la llegada a nuestra ciudad de Boris Izaguirre, un artista de orientación sexual no tradicional, profundamente inmoral y propagandista de un modo de vida licencioso. Todos los madrileños de la región están altamente preocupados por la presencia en la ciudad de gente como Izaguirre, que atenta contra nuestros pilares de pureza, recato y castidad”.


A hora, una aclaración: esta noticia es falsa. O mejor dicho, inexacta. Lo sustancial que se dice en ella es cierto, excepto los detalles. Me refiero a los nombres. El hecho es auténtico, pero los protagonistas son otros.


L a noticia real, fechada en Moscú, no se refiere a las autoridades madrileñas, sino a las musulmanas y ortodoxas de Primorie. No ha sido Esperanza Aguirre la que ha se ha dirigido a los obispos, sino el imán de Vladivostok. Y el artista homosexual no es Boris Izaguirre, sino el cantante ruso Boris Moiséyev.


P ureza, recato y castidad. La noticia de Efe concluía así: “El secretario del obispado, el archimandrita Serguéi, expresó su esperanza de que musulmantes y ortodoxos sean siempre solidarios en materia de moral”.


H e utilizado el nombre de Esperanza Aguirre –espero que se me disculpe la licencia– igual que hubiera podido recurrir a los de Tony Blair, Zapatero, Chirac o Ángela Merkel. La maliciosa distorsión de la realidad busca suscitar una pregunta: ¿cómo reaccionaría la opinión pública europea democrática ante una toma de postura tan carcamal de sus dirigentes políticos? El escándalo y las reacciones tardarían en mitigarse. Y lo justo sería que hubiera dimisiones. No podemos volver ahora a la edad de hierro de los fascismos.


S in embargo, aquí en Occidente hay progres de guardia que restan invariablemente importancia a tan retrógradas peticiones, pero siempre que procedan de las culturas musulmanas y ortodoxas, porque, dicen, allí tienen “otras tradiciones”. ¡Cuántas zarandajas!


L a doble vara de medir resulta cada vez más nauseabunda. El mundo se está convirtiendo en una majadera fábrica de intolerantes e intelectuales daltónicos con mala conciencia.



 

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