Cada vez que uno de los grandes magnates suelta la lengua, la Fórmula 1 empieza a hacer cábalas. Cualquier comunicación resulta sospechosa por dirigida. Rara vez sucede algo de forma casual. Ayer le tocó el turno a Ron Dennis, el patrón de McLaren, el futuro equipo de Fernando Alonso a partir de 2007.
“En términos de contrato es posible que pilote para nosotros, pero si domina la GP2 podría ser atractivo para otras personas también”, dijo Dennis. El destinatario de su alocución se llama Lewis Hamilton.
¿Y quién es Lewis Hamilton? Pues al decir de los expertos ingleses, del eco propagandístico de la prensa británica y del ojo clínico del jefe de McLaren, el nuevo mesías del automovilismo. Hamilton está bendecido por las ínfulas de las Islas.
Este inglés de 21 años conduce como los ángeles y su impacto alcanza otra tonalidad social. Es negro. Y nunca ha habido un piloto negro en la historia de la Fórmula 1.