En vísperas de que entre en vigor plenamente la reforma de la Universidad europea y a los pocos días de haber conocido el mal estado de la educación en Europa frente a Estados Unidos y Japón, resulta, cuanto menos, triste que un recinto universitario valenciano acapare la atención informativa gracias al “botellón”. Es comprensible la molestia del Rector Tomás, pues los responsables aspiran a introducir su Universidad en el Guiness de los “cum laude” “per capita” y no de la mejor “ratio” de coma etílico por alumno.
Lo inmediato es culpar a los jóvenes de ser capaces de unir esfuerzos para convertir Valencia en un referente español del “botellón” y no de otras circunstancias. Sin embargo la pregunta esencial es si se les ofrecen otros retos a los que merezca la pena dedicar una tarea colaborativa. Es decir, si se está fomentando la conciencia de que Valencia puede ser algo más que sede de algunos grandes eventos.
Eso significa que los jóvenes valencianos deben tener otras referencias aparte del espectáculo mundial capaz de proporcionar ingresos por consumo. Esa lectura es la que a veces se da, desde los medios de comunicación o desde la clase política, a la Copa América, los Mundiales de Atletismo e incluso el Encuentro Mundial de las Familias. Con esa clave no es de extrañar que algunos copien las “virtudes” que tanto se anuncian: la atención mediática global y la atracción de recursos a la capital del Turia.
En definitiva, con la presentación constante de Valencia como espacio de ocio, turismo y servicios no es de extrañar que los chavales interpreten que el ‘botellón’ es un buen modo de contribuir a la proyección de su ciudad, en este caso, entre los amantes del fiesta callejera. Quizás, si en lugar de escuchar permanentemente un discurso público en el que se pregona, como modelo, el gran fuego de artificio para captar la atención durante un segundo, los jóvenes vieran que es el esfuerzo continuo de una ciudad lo que la hace grande, un esfuerzo equilibrado, bien diseñado en plazos y asentado en la realidad al servicio de un proyecto común sin protagonismos personales, entenderían que su contribución no nace de su dominio del calimocho, sino de una sólida formación para poner su valía al servicio de la comunidad.