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Miércoles, 15 de marzo de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
Valencia
Naranjos versus golf
O golf versus naranjos. Depende de quien sea el padre, perdón, el progenitor A o B de la cuestionable idea de convertir (al parecer la última innovación en transformaciones agrícolas) los campos de naranjos en campos de golf.

Los que presumen de ecologistas - muchos de los cuales no han visto más árboles que los “platanos” del Paseo y algún que otro naranjo -, en una presunta labor en defensa de los “ingenuos” labradores luchan, desinteresadamente (dicen), para que no se conviertan los campos de naranjos de La Safor en campos de golf, asegurando que su venta sería pan para hoy y hambre para mañana.

Puede que tengan razón. Yo recuerdo muchos de esos campos plantados de maíz y trigo “para matar el hombre”. Y también los he visto plantados de algarrobos, almendros, olivos, vid, etc. antes de transformarlos en campos de naranjos; cuando eran “hambre para entonces y pan para hoy”.

Por tanto si la agricultura de La Safor ha cambiado varias veces de cultivo, no veo el por qué no se pueda cambiar ahora y transformarlos para “recoger” pelotitas de golf en vez de naranjas; y más si tenemos en cuenta que la mayoría de ellos lo que verdaderamente están produciendo es insostenibles pérdidas económicas.

Me gustaría ver que harían esos “íntegros” ecologistas si los campos fueran suyos y se los pagaran, como se están pagando, 5 o 6 veces lo que valen como naranjos.

Y que conste que si yo, y no soy de los que se llaman ecologistas, tuviera que decidir, quizás porque no tengo ni un simple naranjo, sería el primero en prohibir que se transformaran los campos de naranjos en campos de golf. ¡Con lo maravilloso que es salir al campo y ver el verdor de las plantaciones de naranjos, oler el perfume del azahar, deleitarse con el espectáculo multicolor de las naranjas colgando de los árboles, etc.!

Pero, como dicen los franceses, “C’est la vie”. Y la “vie” de ahora poco tiene que ver con la de antaño y quizás mucho menos con la futura. Y por otra parte con el “bolsillo” de los demás uno es muy espléndido. Los “golfistas” que muchos, al parecer, se creen que es una asociación de golfos (en verdad hay que admitir que haberlos haylos), defienden su postura alegando que con los campos de golf se crearían miles de puestos de trabajo fijos; se aumentaría la riqueza general; se solucionaría el problema económico de algún ayuntamiento; se subiría espectacularmente el nivel de vida, etc.

¿Naranjos o golf?. Opinar es fácil, por eso todo el mundo opina; saber es otra cosa ¡y acertar, otra más difícil!.

Al final, la mundialmente célebre pregunta de Hamlet. “To be or not to be. It is the questión”.