El libro
El pequeño dictador
, de Javier Urra, plantea un problema que va a más: el de los niños consentidos y los adolescentes agresivos.
“
En la actualidad existen muchos más casos de hijos acosadores de lo que cabe imaginar. Son niños consentidos, sin conciencia de los límites, que organizan la vida familiar, dan órdenes a sus padres y chantajean a todo aquel que intenta frenarlos, desarrollan conductas violentas y desafiantes que terminan imponiendo su ley”, afirma Urra.
E
ste problema, que en la escuela y la calle ha adquirido características de catástrofe social y gran fracaso colectivo, también se refleja en los restaurantes. Hay niños que chillan y hacen cabriolas, alterando la digestión y armonía de los comensales.
S
on niños, de acuerdo. Corretean y gritan. Pero ¿por qué muchos padres no les reconvienen? ¿No quieren reprimir
al rey o reina de la casa
? Y si algún cliente se queja ante el incesante guirigay, los progenitores del pequeño se suelen ofender. Algo huele a podrido en los criterios educativos que se aplican en España.
C
errada temporalmente
la cámara de gas
de Santiago Sierra en Pulheim, oeste de Alemania. Intelectuales judíos consideran la instalación de Sierra “una infamia sin igual”. Seguro que Sierra (representó a España en la Bienal de Venecia) quería homenajear a las víctimas del holocausto, aunque por caminos retorcidos. La querencia histérica de algunos artistas por la provocación resulta estomagante. Un atajo artístico que les suele dar buen resultado comercial. Pero no tiene ningún interés.
T
engo una amiga (sensible, abnegada) que admira a Paloma San Basilio. Se entera de que voy a entrevistar en un hotel a la artista y decide coger un taxi, cruzar Valencia en Fallas (siete euros) y saludar a la cantante.
C
uando mi amiga llega al hotel, se queda en la puerta. Me llama por el móvil. Le digo que entre, estamos en la cafetería. Me responde: “Ahora voy”. No lo hace. Se lo cuento a Paloma. “Pasa a menudo, mucha gente es tan timida que se bloquea hasta anularse”. Buen análisis.
U
n lector reprocha por e-mail mis elogios al cine hollywoodiense de los años 40-50-60. “¿Qué pasa, que el de los 20 y los 30 no era bueno?”. Claro que lo era (Chaplin, Keaton, Stroheim, Vidor). Pero las décadas que cité ofrecieron lo mejor de Ford, Hitchcock y Lang. Y esa compleja cima es casi inalcanzable.