Tres generaciones valencianas de ayuda al prójimo
La Casa de la Caridad busca, con motivo de su centenario, a los descendientes de los fundadores de la asociación
La Casa de la Caridad busca, con motivo de su centenario, a los descendientes de los fundadores de la asociación
La Asociación Valenciana de la Caridad fue creada en 1906 en el paseo de la Pechina. Tras un breve paso por Guillem de Castro, una corrida de toros benéfica permitió recaudar las 16.357 pesetas. Las faenas de Pepete y El Gallo sirvieron para comprar el solar en el que se ubica hoy, “la casa de los pobres”, nombre que se le daba en las crónicas de la época.
José Lanuza y Emilia Ferrer son dos de los descendientes de las personas que fundaron hace 100 años esta emblemática institución. Ambos pertenecen a familias que se han mantenido muy vinculadas a la Casa de la Caridad durante tres generaciones.
Sin embargo, los responsables de esta asociación buscan a los descendientes de las “40 personas ilustres” que impulsaron el centro.
José Sanchis Bergón, médico y alcalde de Valencia, fue uno de ellos y es abuelo materno de José Lanuza Sanchis, quien se mantiene en la junta directiva tras 35 años de experiencia en la institución. “Se trata de buscar nuestras raíces”, explica.
Además, se les invitará al homenaje que se brindará a los fundadores en julio. De momento, ya han tenido alguna llamada.
Emilia Ferrer estuvo trabajando en la Casa de la Caridad 45 años. Pero desde antes, “cuando tenía 15 años venía a ayudar a mi padre”, Lucas Ferrer, primer gerente de la entidad y abuelo de la actual directora-gerente, Guadalupe Ferrer.
Acabar con la mendicidad
“Suprimir la mendicidad” fue el objetivo de este centro, relata Emilia Ferrer. El objetivo era dar asistencia “pero no mediante el alejamiento de los pobres”. A sus 87 años, ha visto a miles y miles de personas pasar por los diferentes comedores que ha tenido la Casa de la Caridad.
“Antes, la gente iba a los cuarteles y a los conventos a por la sopa que les sobraba. Cuando se abrió la Casa de la Caridad “se les daba un plato caliente”.
En aquella época había muy instituciones similares: “La Matricense de la Caridad de Madrid, la Sevillana de la Caridad y otra en Zaragoza”. El sistema de funcionamiento era diferente. Además, la Casa Valenciana fue la primera con estatutos y una organización reglada. Otra nota le ha caracterizado siempre: es una entidad laica no gestionada por órdenes religiosas.
Hasta el día del reportaje, Emilia Ferrer no había vuelto al edificio del paseo de la Pechina desde hacía años. No paró de recibir saludos. Poco antes comentaba que ha habido “épocas mejores y peores” que la actual.
Recuerda que hubo mucho trabajo “en la República con los obreros en paro, en la riada, cuando venían emigrantes de Andalucía y Extremadura”, hace “12 ó 14 años” con los que llegaban del Magreb y, más recientemente, con los subsaharianos.
En realidad ha habido pocas variaciones, aunque antes “había un comedor mucho más grande”.