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Miércoles, 22 de febrero de 2006
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EDICIÓN IMPRESA
Valencia
El Ausiàs March de Gandia baraja denunciar a los alumnos que sellaron con silicona las puertas del instituto
El Consejo Escolar determinará el castigo para los tres jóvenes
El director del instituto de secundaria Ausiàs March de Gandia, Benito Gómez, estudia denunciar ante los juzgados a los tres alumnos que pusieron silicona en las cerraduras de las tres puertas del centro. Los profesores ya han localizado a los gamberros: tres estudiantes de segundo de ESO. El Consejo Escolar decidirá sobre su castigo.
Ya están pillados. La dirección del instituto de secundaria Ausiàs March de Gandia ya ha localizado a los gamberros que la noche del domingo sellaron todas las puertas del centro educativo para que los alumnos tuvieran dificultades para entrar el lunes a las clases.

Los autores de la fechoría son tres jóvenes gandienses de quince años que cursan segundo de ESO en el propio instituto, según aseguró ayer el director del centro, Benito Gómez.

Los profesores no quieren que la trastada quede impune. Por ello, se está barajando la posibilidad de interponer una denuncia ante los juzgados de la ciudad, aseveró Gómez. Y es que la diablura ocasionó un gran revuelo.

En primer lugar, porque hubo un retraso de media hora para entrar en las aulas. En segundo término, porque los agentes de la Policía Local y los bomberos tuvieron que desplazarse al lugar de los hechos para solucionar la trastada, explicó Gómez.

Sin embargo, las medidas no van a quedar ahí. El director del instituto de secundaria indicó que ha citado para hoy a los padres de los jóvenes con la finalidad de exponerles lo sucedido.

Durante la entrevista, les comentará la intención del instituto de presentar una denuncia formal por la mala actuación de los estudiantes.

Posible expulsión temporal
Asimismo, en los próximos días se reunirá el Consejo Escolar Municipal para determinar el castigo de los alumnos. “No se descarta la expulsión temporal porque lo contempla la normativa del centro”, dijo Gómez.

Estas medidas están encaminadas a mejorar la actitud de los chicos. “No se puede cometer una fechoría de esta índole. Los jóvenes tienen que aprender a ser más responsables de sus actos y a distinguir las bromas de las gamberradas. Han de mejorar mucho de cara al futuro”, remarcó.

Los tres muchachos implicados no se caracterizaban por brillar en sus estudios, pero nunca habían cometido gamberradas.

“Cuando acabó la cabalgata de las fallas la noche del domingo se les ocurrió ir al instituto Ausiàs March para poner silicona en todas las cerraduras y candados”.

Los profesores del centro de secundaria no han tenido que emplear las técnicas de investigación más avanzadas para dar enseguida con los chavales.

Algunos vecinos que residen en la zona les vieron cómo se las ingeniaban para dejar las puertas bien cerradas.

Y además, al día siguiente ninguno de ellos apareció por clase por temor a las represalias. Esto último fue lo que hizo levantar las sospechas de los maestros.