La secretaria de Estado Condoleezza Rice inició ayer en Egipto una gira por Oriente Medio con el objetivo de aislar a Hamás y de recabar el apoyo árabe en el conflicto que Estados Unidos, Israel y otros países occidentales mantienen con Irán a causa de su programa nuclear.
En esta gira, en la que también visitará Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, la secretaria de Estado tendrá que escuchar el disgusto árabe por la política general que Washington lleva a cabo en la región y que en su opinión ha conducido a la desastrosa situación que se vive en Irak y a la victoria de Hamás en las elecciones palestinas.
En la cuestión iraní, los árabes apoyan que Estados Unidos obligue al régimen islámico a renunciar a su programa nuclear pero al mismo tiempo exigen que se declare a Oriente Medio zona libre de armas nucleares, lo que toca directamente a Israel y por lo tanto crea un conflicto entre los árabes y Estados Unidos.
La victoria de Hamás no ha sido sólo una bofetada en la cara de Israel sino también en la cara de Estados Unidos, ya que este país se las prometía muy felices tras la trágica desaparición de Yaser Arafat, en condiciones que todavía no se han aclarado, y su sustitución por Mahmud Abbas (Abú Mazen).
“Razonable y manejable”
Abbas aparece ante los ojos de Israel y Estados Unidos como un político “razonable y manejable” pero, de repente, la abrumadora victoria electoral de Hamás ha dejado un Parlamento palestino en el que los fundamentalistas tienen la mayoría absoluta.
Esta circunstancia ha trastocado los planes de Washington que pasaban por resolver el conflicto de Oriente Medio atendiendo exclusivamente a los intereses israelíes y contando con que el razonable Abbas no tendría más remedio que aceptar una paz impuesta.
Ahora el problema es que Hamás controla el Parlamento y no va a permitir nada que no sea una retirada completa de Israel de todos los territorios ocupados.