Me llevan al cine, y me dejo. Me llevan a ver
Buenas noches, y buena suerte
en versión original inglesa, y me dejo. Y salgo reconfortado, comprometido en una nueva alianza con una profesión, esta del periodismo, en la que es muy fácil perder, a base de años y escepticismo, la fe, la esperanza y si me apuran hasta la caridad.
La verdad. La libertad. Menudos envites. Y menudo aquel tipo, el senador McCarthy, que inició una investigación para encontrar comunistas debajo de las alfombras del propio Pentágono. Cuando llego a la redacción, el lunes, me entero de que el Festival de Cine de Peñíscola va a rendir homenaje a
Calabuch
, la entrañable comedia de Luis García Berlanga con la que una vez demostró su capacidad periodística para la elección de los temas de sus guiones. Porque entre bromas y veras, el maestro lo que contó allí, siguiendo el camino trazado por
Bienvenido...
, fue la posición española en la guerra fría. Porque Calabuch-Peñíscola, recordemos, es el lugar donde encuentra refugio un sabio atómico norteamericano que huye de las presiones generadas por el belicismo en tiempos en los que se ha impuesto el más férreo anticomunismo.
Es el mismo momento, la misma ola de la historia. Que se puso a producir acontecimientos a uno y otro lado del Atlántico. España ofreció las bases de Rota y Morón porque Estados Unidos estaba trazando una nueva red de defensa internacional, basada en la alerta estratégica. Ahora hace 50 años, cuando se estaba acabando de montar la película
Calabuch
, la base de Manises comenzó a recibir los primeros cazas de combate Sabre, de los que llegaría a haber, andando el tiempo, más de cien, siempre dispuestos para el despegue. El ministro de Aire vino a Valencia y dijo, al lado del embajador americano, que “nuestra causa común es la de preservar la paz del mundo, defender la cultura occidental”. Para los amantes de las curiosidades, ahí va el dato: eso fue el 23 de febrero de 1956.
McCarthy pasó y la libertad triunfó. También el franquismo se hizo historia antigua. Queda el buen cine en blanco y negro y el periodismo. Sólo que antes fumaban más.