lasprovincias.es
Martes, 21 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO SERVICIOS LP PUNTO RADIO LP TEVA CENTRO COMERCIAL
EDICIÓN IMPRESA
Valencia
Demasiada democracia
Cual duelo al amanecer, hace sólo unas semanas Zapatero y Mas tuvieron un encuentro para decidir en las sombras sobre el futuro de todos los españoles. A diferencia de los caballeros, la causa no era justa y el riesgo, inapreciable. No consultamos, no nos pueden rechazar y seguimos adelante con nuestros ardides, en nuestro beneficio, debieron pensar. Y sin más, sin escrúpulos democráticos, sin honor y sin dar la cara sellaron un pacto del que de lo poco que sabemos, no nos gusta nada. No nos gusta por injusto, por insolidario, por interesado y por autoritario en su imposición a todos.

Los españoles votamos en 2004 a nuestros representantes, y según las normas democráticas, quien ocupa el Gobierno gobierna para todos, para el beneficio común, no para el particular, no para comerciar, negociar y hacer apuestas de casino a ver quien le saca más partido a esto de gestionar.

Por ello, el Partido Popular ha decidido devolver a los ciudadanos la voz y el voto que en un gesto cuanto menos desconsiderado y, sobre todo, cobarde, Zapatero les quitó una mañana de domingo. Bajo el lema de “todos tenemos derecho a opinar”, queremos que todos y cada uno de los ciudadanos a través de las urnas –símbolo por excelencia de la democracia– podamos decidir si queremos o no que nuestro futuro lo decida el partido de la oposición del Parlamento catalán y un presidente del Gobierno que sacude a la opinión pública a cada paso, que no cree en España y que no duda en venderla al mejor postor, primero ERC y, después, tras tensarse demasiado las cuerdas, CiU.

Así seguimos, sin saber a qué atenernos por una opacidad sin precedentes, por una extraña apuesta por la política de extremos de un Gobierno que no sabe de firmezas, que no sabe de concordia, ni de transparencia, ni de solidaridad. A través de esta campaña, que ha movilizado de una forma espectacular a una ciudadanía cansada de callar, aguantar y ceder, el PP pretende que el PSOE recapacite, que tome conciencia de dónde está y hacia dónde quieren los españoles que les lleve, que negocie con el partido que representa a la otra mitad de España y, en estos momentos, también a los ciudadanos que un día les votaron pensando que respetarían las normas del juego, de la Constitución y del respeto.

A pesar de los intentos socialistas por desprestigiar una iniciativa cuyos resultados pueden ser un handicap a sus pretensiones, los españoles han respondido a la llamada del PP y se han desplegado en las sedes populares, en las mesas y en la Red para sellar con su firma otro pacto, el de la igualdad, el que les da derecho a opinar, el que les devuelve esa soberanía puesta en tela de juicio en pro de aspiraciones que nada tienen que ver con ellos.

Con todo, Zapatero sigue sin querer ver ni escuchar, no sea cosa que se estropee el Estatut y tenga que volver a empezar, esta vez sin ceder, sin vender y sin comerciar. Sería demasiado desgaste, demasiado compromiso, demasiado difícil, demasiada democracia para alguien que sólo busca asegurarse su continuidad en la Moncloa.




 
[an error occurred while processing this directive]