Acaba de presentar una denuncia ante la Fiscalía para que investigue si existe delito en el contenido de un artículo en una hoja parroquial en el que se justifican los malos tratos. ¿Qué le ha llevado a hacerlo?
–La sociedad debe dar un paso más. No sólo hay que decir que no se puede pegar a la mujer, sino que también hay que reaccionar cuando alguien dice algo así. (El artículo sostiene que más de una vez la mujer “provoca” al maltratador). Muchas entidades decían que iban a denunciar, pero decidí presentar el escrito. Jurídicamente no tengo una idea clara de si esto es delito o no.
–¿Qué destacaría de este asunto?
–En primer lugar, la reacción que ha tenido la Fiscalía. En segundo lugar, la cobertura mediática que se ha dado al tema sobre el respeto a las víctimas. Y en tercer lugar,
chapeau
para el arzobispo, que ha sabido reaccionar perfectamente bien.
–¿Cuánto tiempo ha de pasar para que no ocurran situaciones como ésta?
–Si se ponen en marcha las medidas educativas que prevé la Ley Integral contra la Violencia de Género, yo confío en que mi nieto, que tiene cuatro años y medio, viva en una sociedad igualitaria, lo cual no significa necesariamente que haya menos muertes. Calculo que será cuando mi nieto tenga 30 ó 35 años. La gente joven ya dice en las encuestas que el primer problema de la sociedad es la violencia de género.
–¿Por qué se producen tantos asesinatos en el ámbito de la pareja en la Comunidad Valenciana?
–En primer lugar, parece que en el litoral Mediterráneo hay un porcentaje de personas de otra nacionalidad un poco más alto que en el resto de España.
–Sobre todo en el caso de los ciudadanos de la Unión Europea, con un alto índice de mujeres comunitarias asesinadas.
–Sí, sí. Por otro lado, la Comunidad Valenciana está bastante avanzada en cuanto a prevención y actuación contra los malos tratos, o al menos está más avanzada que otras autonomías. Esto puede provocar que haya gente que se sienta presionada, que se sienta acorralada y que vea como única salida golpear y matar.
–También hay expertos que ya apuntan al turismo como un factor importante.
–Sí, hay muchos asesinatos en lugares de mucho turismo interior, de españoles. Parece que se realce la violencia en estas zonas. No creo que la sociedad de la Comunidad Valenciana sea más machista que otras.
–En cualquier caso parece que este problema no está muy estudiado sociológicamente y así, si no se conoce a fondo el problema, es difícil que se puedan aplicarse soluciones reales, por ejemplo, mediante una ley...
–Con la ley integral hubo muchas presiones y todo el proceso se aceleró un poco. Quedaron bastantes flecos que en cuatro o cinco años tendrán que ser reformados, pero en general yo siempre digo que es una buena ley, porque es la ley que tenemos. Por ejemplo, la ley creó los juzgados específicos de Violencia sobre la Mujer. Ahora se habla de que hacen falta tantos juzgados más y en lugar de eso habría que dotar bien a los que ya existen.
–¿Qué otras carencias puede tener la ley integral?
–La ley habla de planes de sensibilización y no veo una preocupación por la sensibilización. Es evidente que la sociedad está más sensibilizada que hace tres años, pero no lo suficiente. Un ejemplo son los desfiles de modelos en ropa interior de Cementos La Unión. La sensibilidad no es sólo tener tolerancia cero, sino todo el conjunto. Por ejemplo, está sensibilizado un vecino que, además de llamar a la policía cuando oiga algo, vaya después a declarar. Otro caso es el de los médicos, que han dado un paso al frente pero aún tienen mucho trabajo.
–¿En qué sentido?
–Se calcula que el 90% de mujeres maltratadas no lo denuncian. Esto significa que el 90% de las víctimas llegan al médico y le dicen que las causas de las lesiones son otras.
–¿Qué opina de la educación como arma?
–Es la clave, pero no con remiendos. Hay que poner mucho dinero y habrá que formar a los profesores. Eso no lo ha previsto la ley.
–Todavía sorprenden algunas sentencias. ¿Hace falta más sensibilización en este ámbito?
–Los jueces tienen unos márgenes para aplicar las leyes. La última sentencia polémica: le condenan a tres años y dos meses, se hace el recurso y se rebaja la pena y se quita la orden de alejamiento porque prevalece la idea de que el marido trabaja a 100 metros de la mujer y no puede cambiar de trabajo. Como este ejemplo hay muchos. Se ha avanzado por la presión social, pero aún no hay suficiente sensibilización.
–¿Los jueces penales especializados podrían ser una solución?
–Se pide que además de los juzgados de instrucción especializados haya un juzgado penal especializado. Si se consigue, sería un paso grandísimo. Yo doy clases en los cursos a maltratadores en Alicante y veo muchos casos. ¿Cómo puede ser que haya tantos maltratadores con penas de dos años? Si no tienen antecedentes no van a la cárcel. Hay que hacer algo para que los maltratadores no se vayan de rositas.
–Supongo que en su conferencia de mañana (20 horas) hablará de la presión social sobre la violencia.
–La presión fue de las organizaciones feministas y, a continuación, de los medios de comunicación. Son estos interlocutores sociales y algunos jueces y fiscales los que han impulsado a la sociedad, más que el Gobierno, que todavía no ha tomado plena conciencia sobre la violencia de género, que además tiene un enorme coste sanitario y laboral.
–¿Qué término prefiere? Violencia de género, de pareja, doméstica, contra o sobre la mujer...
–Violencia contra la mujer es la que mejor se entiende. Violencia doméstica es la que más emplean los medios de comunicación, aunque este término también incluye a los niños, que son los grandes olvidados de este problema.