El dramaturgo (
Bajarse al moro, La estanquera de Vallecas) dio una charla a 300 estudiantes en la Biblioteca Valenciana, dentro de la campaña
Animación a la Lectura.
pregunta para el dramaturgo
José Luis Alonso de Santos
(Valladolid, 1942), que el pasado jueves impartió en San Miguel de los Reyes una charla a estudiantes de secundaria y bachillerato: ¿Los gobiernos deben aportar dinero público para ayudar al teatro o es mejor que lo dejen a su aire, como ocurre en Nueva York y Londres, donde goza de gran vitalidad comercial?
Alonso de Santos coge el tema de frente: “Estamos en una sociedad intervencionista, el Estado paga y decide muchas cosas”, dice el autor teatral. “Y mientras se dé tanto dinero público a 30.000 políticos, ¿porqué no se va a dar el mismo dinero a 30.000 artistas?”. La cantidad elegida por Alonso de Santos es a modo de ejemplo. Igual podría haber dicho 40.000 o 50.000 políticos. Es difícil conocer la cifra exacta.
El arte es superior a la política. Piensa uno en las aportaciones al espíritu y el humanisno de creadores como
Miguel Ángel, Mozart, Kafka, Buñuel, Picasso, Dreyer
o
John Ford.
También piensa en grandes estadistas (mucho más escasos). Pero la verdad es que no hay color. Los beneficios colectivos de la cultura son muy superiores, aunque su positiva influencia tarde en notarse.
¿La comparación acre de Alonso de Santos –30.000 y 30.000– nace de una filosofía ácrata o de la defensa económica de su sector profesional? El autor de
La estanquera de Vallecas
(que
Eloy de la Iglesia
llevó al cine en los años 80 del siglo pasado, interpretada por
Maribel Verdú, Emma Penella, José Luis Gómez
y
José Luis Manzano
) rehúye las etiquetas, siempre reduccionistas: “Es una declaración de equilibro. Los griegos lo primero que hacían para impulsar la vida ciudadana y su crecimiento era un teatro. El mayor presupuesto de Atenas era para el teatro. Luego venía lo demás”.
¿Y ahora? “Ahora el mayor presupuesto es para pagar las deudas de la televisión, y el 0,0001 por ciento del presupuesto general, o menos, se dedica al teatro. Las cosas han cambiado mucho”, añade Alonso de Santos con evidente melancolía.