No nos vemos nunca gordos, sino con unos kilos de más. Encontramos ropa de nuestra talla, tenemos mucho humor y no somos conscientes de que tenemos un problema de salud”.
Enrique Ferrer, vecino de l’Eliana, de 41 años, casado y con dos hijos, es uno de los valencianos que el pasado año se sometió a una operación para perder peso. Se decidió porque su madre y su hermana llevaban años insistiéndole en que preguntara por las bandas gástricas.
“No me habían detectado ninguna anomalía en las revisiones del médico pero me di cuenta de que en mi día a día tenía limitaciones”, comentó. Acude a revisión una vez al mes (antes las realizaba de forma semanal), ya ha perdido 36 kilos en 11 meses y necesita quitarse otros diez.
Numerosos métodos
“Pesaba 137 kilos y reconozco que me encuentro mejor. He pasado de mirar a mis hijos a poder jugar con ellos, perseguirlos por la casa o llevarlos a hombros. No me lo creo”, relató este industrial panadero.
Múltiples y variadas dietas, acupuntura o gimnasio. Son algunos de los métodos a los que recurrió Enrique antes de acudir al doctor Escartí, donde le siguen una nutricionista y una psicóloga.
Desde que se operó ha tenido que cambiar los hábitos alimentarios y aprender a comer lo que necesita. “En caso cocino yo, así que todos siguen mi dieta. Lo agradezco sobre todo por el niño, porque su alimentación es correcta y está aprendiendo a comer de forma adecuada”, reconoció.
Decisión personal
Enrique no quiere dar consejos. “Operarse es una decisión muy personal y que depende del momento en que se encuentre cada uno. Sólo digo que ojalá yo me hubiera decidido antes a pasar por el quirófano”, apuntó.
“Mi única recomendación es que se informen, que pregunten todos los detalles de la intervención”, afirmó Enrique.