lasprovincias.es
Domingo, 12 de febrero de 2006
 Webmail    Alertas   Envío de titulares    Página de inicio
PORTADA ACTUALIDAD ECONOMÍA DEPORTES OCIO SERVICIOS LP PUNTO RADIO LP TEVA CENTRO COMERCIAL
LO + BUSCADO

-Lotería

-Mp3
-
Ofertas de viaje
-Regalos
-Juguetes
-Vehículos km 0
-Fotografía digital
-Empleo Valencia
-Balnearios
-Esquí
-Venta de pisos
-Horóscopo
-Bella/cosmética
-Vuelos baratos
-Cursos idiomas


ESPAÑA
Valencia
El juez estrella
Grande-Marlaska, el magistrado que polariza a la opinión pública a las puertas de un hipotético final de ETA, “hace lo que cree que es justo, aunque pueda sorprender a la sociedad”
Grande-Marlaska, el magistrado que polariza a la opinión pública a las puertas de un hipotético final de ETA, “hace lo que cree que es justo, aunque pueda sorprender a la sociedad”
Dos ertzainas peregrinaron el pa sado viernes por los medios de comunicación bilbaínos para en tregar, por orden del juez Fernando Grande-Marlaska Gómez, el auto que ilega lizó otra vez a la ya ilegalizada Batasuna. Los ma gistra dos y aboga dos que le co no cie ron en la capital vizcaí na, y que admiran su brillantez y afabilidad, vol vie ron a discutir so bre sus controvertidas resoluciones, que han po la rizado a la opinión pú blica a las puertas de un hipo té tico final de ETA.

Grande-Marlaska (Bilbao, 1962) ocupa el Juzgado Central de Ins truc ción número 5 después de que Baltasar Garzón le recomen dara pa ra ocupar temporalmente su plaza. El ma gis tra do an da luz se ha bía fi jado en el colega vizcaí no cuando és te sacó adelante los asuntos del juez Guillermo Ruiz Po lan co, sus pen dido en la Au diencia Na cio nal. Desde que Garzón se marchó a Estados Unidos, el desconocido Grande-Mar las ka también le ha sus ti tui do en las primeras páginas de los pe rió dicos.

El año pasado im pidió que el re cluso Juan Ig nacio De Jua na Chaos fuera ex car ce lado; luego admitió a trámite una denuncia de la Asociación de Víctimas del Terro ris mo por pre sunta colaboración de EHAK con ETA; y más tarde dictó un auto para que Batasuna no or ga nizara un acto público en Barakal do, pero que también le im pi de pre sen tarse a las elecciones mu ni ci pales de 2007. Ahora acaba de ba sarse en una car ta intercepta da ha ce seis años pa ra acusar al te rro ris ta Henri Parot de un nuevo de li to e intentar que conti núe en ce rra do más de veinte años.

“Tiene una capacidad excepcio nal para dictar sentencias bien fun da mentadas en el ac to. Puede enun ciar frases con tres y cuatro oracio nes subordinadas sin perder el hi lo”, asegura un veterano letrado que ha coincidido con el juez en las sa las de vistas y en los pasillos de la Universidad de Deus to.

In clu so quie nes opinan que las úl timas resoluciones de Gran de-Mar las ka son “ex tem po rá neas” le consideran un excelente di rec tor de jui cios, un ma gis trado accesible, “ri gu ro so y elástico a la vez”. “No tiene que le vantar la voz. Transmite au tori dad y eso se per ci be en su flexibi li dad”, re sume un jurista vasco es pe cia lizado en De recho Penal.

Petición infructuosa
A sus 43 años, el juez suplente de la Audiencia Nacional se estrenó en la judicatura en Santo ña. Fue el 7 noviembre de 1988, con apenas 26 años. Había po di do elegir un lugar cercano a casa, pe ro re sultó algo me nos tranquilo que lo es perado: en el Juzgado de Primera Ins tan cia e Instrucción de la localidad cántabra se encontró con el suicidio de Rafi Es co bedo, que ha bía sido encarcelado en el Dueso por el asesinato de los marque ses de Urquijo.

Al cabo de un año regresó a Bil bao, una plaza judicial cuyo mayor problema era que muchos magistrados estaban de paso. Los bilbaí nos tal vez se a cuerdan de un juez que pidió explicaciones a la Er tzain tza por haberle llamado con re traso para le van tar un cadáver; se trataba de un tran seúnte al que le cayó encima el alero de un edificio y quedó tendido sin vida en el centro de la ciudad. Aquel juez irritado era Fer nando Grande-Mar laska.

Nacido en el seno de una familia peneuvista y recientemente ca sado con un filólogo eus kaldún, en tre 1990 y 2003 se granjeó en el País Vasco un “recuerdo imborra ble” y un sólido prestigio que no ha desaparecido, pero parece al go eclip sado por la fanfarria pe rio dística que envuelve sus de ci sio nes.

En fe bre ro de 1997, cuando Grande-Mar las ka era un joven juez de ins trucción, abrió diligen cias a un ertzaina que dis paró al verse ro deado por ma ni fes tantes aberzales e hirió a uno de ellos. Eran los tiempos en que Juan Ma ría Atutxa di rigía el De par ta men to de Interior so bre aguas turbulentas. “Los sectores con ser va dores se lanza ron contra Fer nando, pero actuó bajo cri te rios de es tricta legalidad. Hace lo que cree que es justo, aunque pue da sor pren der a la sociedad”, ase gura un le trado.

Seguido por el ‘Vizcaya’
Gran de-Marlaska vol vió a salir a la pa lestra poco después, cuando ar chi vó las di ligencias por la muerte de dos jóvenes terroristas en un en fren ta miento con la Guardia Civil ocurrido en Bilbao en septiembre de 1997.

Tres años después, las autoridades le informaron de que todos sus movimientos habían sido re gistrados por el comando Vizcaya , que le catalogaba como “pro tec tor de fu sila mien tos”. Ese mismo talde causó una conmoción en la sociedad y en la judica tura en no viem bre de 2001 al asesinar a Jo sé María Li dón, ma gistrado de la Audiencia bilbaína.

Grande-Marlaska no se acos tum bró a la protección perenne de los escoltas y decidió marchar se a Madrid a costa de des cen der un pel daño profesional. El 21 de marzo de 2003 dejó la Sección Sexta de la Audiencia para trasladarse al anó nimo Juzga do de Ins truc ción nú mero 36 de la Plaza de Castilla. Alguien le preguntó por qué había decidido ins talarse en un simple juzgado. “Me contestó que estaba cansado, hastiado, de que ETA mo nopo lizara todas las conversaciones. Por eso no entiendo cómo aparece en la Audiencia Na cional. Allí vas de forma vo lunta ria”, comenta el in terlocutor.

Un jurista recuerda al juez pasean do un perro por Bilbao. “Vivíamos cerca y so lía cruzar me con él cuando yo salía a fu mar. Charlábamos. Le gustan la ópera y la música clásica. Es una per sona de lo más normal”, relata.