Dos ertzainas peregrinaron el pa
sado viernes por los medios de comunicación bilbaínos para en
tregar, por orden del juez Fernando Grande-Marlaska Gómez, el auto que ilega
lizó otra vez a la ya ilegalizada Batasuna. Los ma
gistra
dos y aboga
dos que le co
no
cie
ron en la capital vizcaí
na, y que admiran su brillantez y afabilidad, vol
vie
ron a discutir so
bre sus controvertidas resoluciones, que han po
la
rizado a la opinión pú
blica a las puertas de un hipo
té
tico final de ETA.
Grande-Marlaska (Bilbao, 1962) ocupa el Juzgado Central de Ins
truc
ción número 5 después de que Baltasar Garzón le recomen
dara pa
ra ocupar temporalmente su plaza. El ma
gis
tra
do an
da
luz se ha
bía fi
jado en el colega vizcaí
no cuando és
te sacó adelante los asuntos del juez Guillermo Ruiz Po
lan
co, sus
pen
dido en la Au
diencia Na
cio
nal. Desde que Garzón se marchó a Estados Unidos, el desconocido Grande-Mar
las
ka también le ha sus
ti
tui
do en las primeras páginas de los pe
rió
dicos.
El año pasado im
pidió que el re
cluso Juan Ig
nacio De Jua
na Chaos fuera ex
car
ce
lado; luego admitió a trámite una denuncia de la Asociación de Víctimas del Terro
ris
mo por pre
sunta colaboración de EHAK con ETA; y más tarde dictó un auto para que Batasuna no or
ga
nizara un acto público en Barakal
do, pero que también le im
pi
de pre
sen
tarse a las elecciones mu
ni
ci
pales de 2007. Ahora acaba de ba
sarse en una car
ta intercepta
da ha
ce seis años pa
ra acusar al te
rro
ris
ta Henri Parot de un nuevo de
li
to e intentar que conti
núe en
ce
rra
do más de veinte años.
“Tiene una capacidad excepcio
nal para dictar sentencias bien fun
da
mentadas en el ac
to. Puede enun
ciar frases con tres y cuatro oracio
nes subordinadas sin perder el hi
lo”, asegura un veterano letrado que ha coincidido con el juez en las sa
las de vistas y en los pasillos de la Universidad de Deus
to.
In
clu
so quie
nes opinan que las úl
timas resoluciones de Gran
de-Mar
las
ka son “ex
tem
po
rá
neas” le consideran un excelente di
rec
tor de jui
cios, un ma
gis
trado accesible, “ri
gu
ro
so y elástico a la vez”. “No tiene que le
vantar la voz. Transmite au
tori
dad y eso se per
ci
be en su flexibi
li
dad”, re
sume un jurista vasco es
pe
cia
lizado en De
recho Penal.
Petición infructuosa
A sus 43 años, el juez suplente de la Audiencia Nacional se estrenó en la judicatura en Santo
ña. Fue el 7 noviembre de 1988, con apenas 26 años. Había po
di
do elegir un lugar cercano a casa, pe
ro re
sultó algo me
nos tranquilo que lo es
perado: en el Juzgado de Primera Ins
tan
cia e Instrucción de la localidad cántabra se encontró con el suicidio de Rafi Es
co
bedo, que ha
bía sido encarcelado en el Dueso por el asesinato de los marque
ses de Urquijo.
Al cabo de un año regresó a Bil
bao, una plaza judicial cuyo mayor problema era que muchos magistrados estaban de paso. Los bilbaí
nos tal vez se a
cuerdan de un juez que pidió explicaciones a la Er
tzain
tza por haberle llamado con re
traso para le
van
tar un cadáver; se trataba de un tran
seúnte al que le cayó encima el alero de un edificio y quedó tendido sin vida en el centro de la ciudad. Aquel juez irritado era Fer
nando Grande-Mar
laska.
Nacido en el seno de una familia peneuvista y recientemente ca
sado con un filólogo eus
kaldún, en
tre 1990 y 2003 se granjeó en el País Vasco un “recuerdo imborra
ble” y un sólido prestigio que no ha desaparecido, pero parece al
go eclip
sado por la fanfarria pe
rio
dística que envuelve sus de
ci
sio
nes.
En fe
bre
ro de 1997, cuando Grande-Mar
las
ka era un joven juez de ins
trucción, abrió diligen
cias a un ertzaina que dis
paró al verse ro
deado por ma
ni
fes
tantes aberzales e hirió a uno de ellos. Eran los tiempos en que Juan Ma
ría Atutxa di
rigía el De
par
ta
men
to de Interior so
bre aguas turbulentas. “Los sectores con
ser
va
dores se lanza
ron contra Fer
nando, pero actuó bajo cri
te
rios de es
tricta legalidad. Hace lo que cree que es justo, aunque pue
da sor
pren
der a la sociedad”, ase
gura un le
trado.
Seguido por el ‘Vizcaya’
Gran
de-Marlaska vol
vió a salir a la pa
lestra poco después, cuando ar
chi
vó las di
ligencias por la muerte de dos jóvenes terroristas en un en
fren
ta
miento con la Guardia Civil ocurrido en Bilbao en septiembre de 1997.
Tres años después, las autoridades le informaron de que todos sus movimientos habían sido re
gistrados por el
comando Vizcaya
, que le catalogaba como “pro
tec
tor de fu
sila
mien
tos”. Ese mismo
talde
causó una conmoción en la sociedad y en la judica
tura en no
viem
bre de 2001 al asesinar a Jo
sé María Li
dón, ma
gistrado de la Audiencia bilbaína.
Grande-Marlaska no se acos
tum
bró a la protección perenne de los escoltas y decidió marchar
se a Madrid a costa de des
cen
der un pel
daño profesional. El 21 de marzo de 2003 dejó la Sección Sexta de la Audiencia para trasladarse al anó
nimo Juzga
do de Ins
truc
ción nú
mero 36 de la Plaza de Castilla. Alguien le preguntó por qué había decidido ins
talarse en un simple juzgado. “Me contestó que estaba cansado, hastiado, de que ETA mo
nopo
lizara todas las conversaciones. Por eso no entiendo cómo aparece en la Audiencia Na
cional. Allí vas de forma vo
lunta
ria”, comenta el in
terlocutor.
Un jurista recuerda al juez pasean
do un perro por Bilbao. “Vivíamos cerca y so
lía cruzar
me con él cuando yo salía a fu
mar. Charlábamos. Le gustan la ópera y la música clásica. Es una per
sona de lo más normal”, relata.