La escena se produce mientras espero en el ambulatorio mi turno para el médico de cabecera (que ahora ya no se llama así, pero a mi me da igual). Conforme llega la gente se establecen espontáneas conversaciones respecto a la hora que tiene cada uno, el tiempo que lleva en el centro de salud, la dolencia o afección que arrastra... Me entero de que una señora acaba de llegar de un viaje del Imserso a Fuengirola, y que un estudiante de la Politécnica se va a ARCO para ver a Tàpies (también son ganas). Pero lo enjundioso viene cuando se establece una animada charla y sale el tema de las caricaturas de Mahoma. Mis compañeros de espera rechazan la violencia de los fundamentalistas pero tampoco están de acuerdo en que se frivolice, hasta la sátira, con la religión. Me asalta entonces la duda de si los periodistas estaremos viviendo en un mundo irreal, en el que nos creemos abanderados de una libertad de expresión sin límites, cuando resulta que los ciudadanos quieren ponerle puertas al campo.
Mi único consuelo es que a los políticos les pasa tres cuartos de lo mismo. Hay quien dice que políticos y periodistas nos odiamos, pero, al mismo tiempo, nos necesitamos. ¿O es al revés? Viene esto a cuento, como no podía ser de otra manera, del inacabable debate sobre el modelo territorial y las reformas estatutarias. ¿Es esta la gran preocupación ciudadana? Me temo que no. En el ambulatorio se acabó hablando de inmigración, de las múltiples tiendas que han abierto los chinos por el barrio, de las fruterías de los pakistaníes, de los kebabs alrededor de la mezquita... No detecté una especial animadversión hacia el fenómeno, pero tampoco entusiasmo... Y me acordé, eso sí, de la infinita estupidez de la clase política catalana, y de la vasca, que, con la aquiescencia del presidente del Gobierno, hacen que en España se hable de estatutos en lugar de los problemas reales. La sociedad cambia a cada minuto, la civilización occidental parece sumida en una crisis sin fin y aquí no nos enteramos de nada y seguimos hablando del Estatut catalán.