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Sábado, 11 de febrero de 2006
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Valencia
Alarma social en la Costera
Y de repente nuestra Comunidad empezó a temblar por efecto de la repentina inseguridad que nos invadió. No es que pueda ser así, pues los cambios sociales nunca vienen tan repentinos como nos pretenden hacer ver, pero la alarma generada por las medidas particulares de un buen grupo de alcaldes del PP va a hacer que todos nos sintamos más atacados de repente, por mucho que queramos convencernos de que nada ha cambiado, y por mucho que semejante alarma innecesaria y sin datos que objetivos pueda causar un mayor desprestigio a las poblaciones afectadas. Afortunadamente los políticos tienen menos credibilidad cada día...

En tiempos de la dictadura podía oírse la frase de que un comunista era capaz de hacer más ruido que cien curas juntos. En las actuales circunstancias parece que las cosas han cambiado hasta el punto de que cualquier alcalde de derechas es capaz de armar más escándalo que cien comunistas juntos. Parece que se hayan intercambiado los protagonistas de generar la alarma social, y que los antiguos amenazados pobres de la tierra, satisfechos ya, hayan sido sustituidos por los insaciables poderosos de siempre que han visto tambalearse sus privilegios con el devenir de las urnas.

Pensando en cuáles pueden ser los motivos de fondo que hayan impulsado a tomar semejante excéntrica iniciativa a gente bien, representantes de la ley y de la potestad de imponer el orden oficial, tan sólo se me ocurren algunos como los siguientes.

¿Será que erigirse en defensores a ultranza de orden y la seguridad da más votos que favorecer ese orden y seguridad de acuerdo con la competencia y posibilidades que tienen las corporaciones locales?

¿O será que semejantes protagonistas se dedican a poner en acto la estrategia de jugar al “cuanto peor, mejor” a fin de buscar la responsabilidad última del imperturbable presidente del Gobierno, que sigue siendo la piedra en el zapato de los perdedores de las últimas elecciones?

¿Será que, a semejanza de los jefes de Estado musulmanes reunidos con el objetivo de airear los grandes agravios que suponen unas caricaturas de Mahoma, ha existido alguna convención de autoridades de derechas con el fin de propagar la apocalíptica situación en que se encuentra España y han salido a salvarnos de tan peligrosa situación?

¿O será que alguno de los amigos de los protagonistas implicados tiene alguna empresa de seguridad en los alrededores, o que alguno de sus familiares está pensando establecerse en este sector tan prometedor, cuando hasta los encargados de imponer el orden oficial recurren a iniciativas privadas y extraoficiales, aunque como siempre todo vaya a cargo del presupuesto que pagamos todos?

Sin duda alguna en semejante decisión ha tenido que influir, y así apelaremos a motivos de mayor altura y dignidad política, la consabida tendencia a la privatización de la derecha, convencidos como están de que a la posesión de lo privatizado tan sólo pueden acceder los mejor colocados en esta carrera loca por ser los primeros en poseer a España, y demostrando con el acceso a los servicios privatizados que la patria es más de ellos que de nadie.

A mí me da tristeza que alcaldes de indiscutible prestigio en sus pueblos se dobleguen a explícitas o implícitas consignas partidarias que les lleven a hacer cundir la alarma ante la población y a tomar medidas fuera del orden democrático establecido. Me cuesta asimilar a semejantes respetables autoridades con el patriarca gitano que hace unos años decidió, garrote en mano, patrullar por las noches las calles de la Malvarrosa, con el fin de evitar el tráfico de drogas entre su gente, y otros hechos delictivos.

¿De verdad vale la pena socavar el prestigio de la Policía, de la Guardia Civil, o de los agentes locales?

¿De verdad no tienen otra responsabilidad las mismas autoridades hasta el punto de decidir subvertir el orden social introduciendo un círculo paralelo de poder, en vez de potenciar las fuerzas que la democracia pone a su disposición?

No todo vale en las decisiones políticas. Especialmente cuando se mediatiza el miedo de la población generando una falsa alarma de inseguridad ciudadana que los mismos datos oficiales ofrecidos en los medios de comunicación por el subdelegado del Gobierno en la Comunidad Valenciana han demostrado hasta qué punto son falsos los argumentos de los protagonistas del conciliábulo. ¿A quién quieren realmente salvar?




 
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