Las autoridades israelíes reaccionaron ayer con enorme acritud a la iniciativa que el presidente ruso, Vladimir Putin, lanzó el jueves en Madrid al manifestar su disposición para entablar un diálogo con Hamás y su intención de invitar a Moscú a los dirigentes de la organización fundamentalista, una iniciativa que abre fisuras en la posición de las potencias occidentales.
La reacción más dura llegó de la mano del ministro de Transportes, Meir Shitrit, quien dijo que Putin ha provocado un “escándalo internacional” y ha asestado a Israel una “puñalada en la espalda”, y propuso que el Gobierno llame a consultas al embajador en la capital rusa.
“Me parece que Putin se sentiría muy mal si Israel invitara a las organizaciones terroristas chechenas para darles legitimidad”, dijo Shitrit, y añadió que Rusia ha perdido su condición de mediador en el conflicto de Oriente Próximo.
El malestar fue creciendo a lo largo de la jornada y numerosos políticos mostraron su disgusto con Putin. Algunos sugirieron que la iniciativa rusa es peligrosa al llevar a otros países occidentales a imitar al presidente Putin.
Éste fue el caso de la ministra de Asuntos Exteriores, Tzipi Livni, quien lamentó que Moscú haya abierto una “pendiente resbaladiza” cuyas consecuencias se desconocen en estos momentos y que estarán en función de si otros países toman el mismo camino.
Según Livni, esta actitud podría conducir incluso a que algunos países occidentales busquen un ‘compromiso’ con Hamás, algo que Israel rechaza de plano al considerar a Hamás una organización terrorista, como Estados Unidos y la Unión Europea.
Fuentes diplomáticas israelíes dijeron que Putin “no sólo ha dado un manotazo en la cara a Israel sino a todos los países occidentales”, y advirtieron que si se entabla el diálogo con Hamás se debilitará internacionalmente la posición del presidente de la ANP, Mahmud Abbas (Abú Mazen).