Los últimos antihéroes del Olimpo
Deportistas que no destacaron por sus grandes actuaciones, sí lo hicieron por algunas proezas que les catapultaron a la fama
Deportistas que no destacaron por sus grandes actuaciones, sí lo hicieron por algunas proezas que les catapultaron a la fama
Un esquiador africano, un equipo de bobsleigh jamaicano, un
especialista
en saltos de esquí y un patinador medallista por casualidad encarnaron a la perfección, con sus hazañas y fracasos, un ideal olímpico diferente en las últimas ediciones de los Juegos.
El senegalés Lamine Gueye, el equipo de bobsleigh de Jamaica, el británico Eddie
The Eagle
Edwards y el canadiense Steven Bradbury no destacaron precisamente por sus grandes actuaciones pero sí consiguieron, a su manera, simbolizar el universalismo de los Juegos Olímpicos.
Tomando al pie de la letra la célebre frase del barón Pierre de Coubertin “lo importante es participar”, Gueye constituyó con su sola presencia la atracción de los Juegos de Sarajevo (1984), Albertville (1992) y Lillehammer (1994).
Desde hace veinte años mantiene en pie la Federación Senegalesa de Esquí (FSS), antes de convertirse en su principal competidor haciendo callar a los más escépticos.
Cuento de hadas
Para el equipo de bobsleigh de Jamaica, el viaje hasta Calgary para participar en los Juegos de 1998 fue el punto de partida de un cuento de hadas. La descabellada idea de reunir a seis atletas de un país en el que la nieve no existe para asistir al sancta sanctórum de los deportes invernales nació en la mente de George Fitch, un ex diplomático.
Financiada por la venta de camisetas y gorras, la odisea podría haberse parado en seco tras su accidentada llegada en la última manga de bob de cuatro. Pero entonces apareció Hollywood para explotar el filón y dar eco internacional a la expedición con la película
Rasta Rocket
en 1994.
A Eddi Edwars siempre se le empañaban las gafas cuando iba a saltar, pero logró superar el ridículo para convertirse en toda una estrella en el Reino Unido.
Steven Bradbury al menos puede jactarse de haber vuelto de Salt Lake City (2002) con la medalla de oro al cuello. Quinto y último clasificado a 100 m de la llegada de la prueba de 1.000 m de patinaje de velocidad, el canadiense se benefició de una caída colectiva para cruzar la línea de meta como ganador.