Alejandro Ramírez
Si el secretario de Estado de Hacienda, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, insiste en que los planes de pensiones son un “ahorro disfrazado” y tiene que tratarlos igual “que el dinero que meto en una libreta o en un fondo de inversión”, según sus propias palabras, confío en que, de verdad, se le dé por parte de su ministerio ese mismo tratamiento que anuncia.
Con la reforma fiscal propuesta por el Gobierno, ya no me interesa este producto de ahorro. No tiene nada que ver con el que contraté hace seis años. En ese momento acepté las condiciones y sabía que, hasta mi jubilación o por causas excepcionales, no podría disponer del dinero que aportara cada mes al plan de pensiones. Pero como ahora el señor Fernández Ordóñez dice que no hay diferencias con otros productos de ahorro, lo lógico sería que nos permitiera recuperar nuestro dinero ya. Las reglas del juego han cambiado, son radicalmente distintas a las que aceptamos hace varios años, por lo que tengo todo el derecho del mundo a retirarme de este partido, que tiene toda la pinta de estar amañado.
Mucho me temo que este absurdo cambio en la legislación de los planes se deba a que los que están detrás de esta reforma desconocen el funcionamiento de este producto de ahorro a largo plazo. O dicho de una forma más clara: no tienen ni idea de qué va esto. Me gustaría saber, por ejemplo, si el señor Fernández Ordóñez conoce las diferencias entre un fondo y un plan de pensiones. Me imagino la respuesta.
Como parece que nadie está dispuesto a poner fin a este despropósito espero que, cuanto antes, el dinero que tengo ahorrado en el plan de pensiones llegue a mis manos. Es lo mínimo que pueden hacer por los que nos sentimos estafados por esta reforma.