La empresa valenciana Bodegas Gandía ha renovado su gama de vinos Castillo de Liria, el primer vino que se comercializó embotellado en la Comunidad Valenciana, hace 35 años. Su propósito ha sido aumentar su nivel de calidad pero manteniéndolo en precios muy populares, para incentivar un consumo moderado, que es el gran hándicap que está arrastrando últimamente el sector vitivinícola.
Por poco más de un euro por botella, en precio final de venta al público, el consumidor puede disponer de un vino de calidad dignísima. Según explican José María Gandía, presidente de la firma, y Luis García Severino, jefe de enólogos de la misma, ‘‘esto es posible por nuestra gran experiencia y porque hemos hecho un largo trabajo de investigación, incorporando y combinando nuevas variedades, y el resultado ha sido un vino de un nivel muy superior al de su precio’’.
Castillo de Liria representa casi un tercio de la producción de Gandía, con 12 millones de botellas sobre un total de 37. La mayor parte se destina a la exportación, a más de medio centenar de países, de los 75 que conforman los clientes de la compañía, que, no obstante, está prestando en los últimos tiempos un mayor interés por cuidar el mercado nacional.
En la gama de vinos económicos de calidad, este clásico de la viticultura valenciana ya contaba con gran acreditación en blancos y rosados. Ahora, con la nueva imagen se le dota además de un tinto de gran relevancia, con un
coupage
novedoso, a base del 85% de uva Bobal y 15% de la prestigiosa y legendaria Shiraz.
José María Gandía define este nuevo producto como ‘‘el resultado de un proceso de reconversión empresarial que es una constante en nuestras bodegas, para acomodarnos continuamente a los gustos cambiantes del consumidor, y más cuando estamos inmersos en una situación de estancamiento general del consumo, lo que nos exige un equilibrio entre calidad y precios ajustados’’.
La firma es líder en exportación de vinos. El año pasado facturó 38 millones de euros y el 80% de sus ventas se situaron en el exterior, donde se deja sentir cada vez más la competencia creciente de la mo derna viticultura de Australia, Sudáfrica, Chile, Argentina... Pese a ello, Gandía logró aumentar en 2005 sus cifras de negocio en un 1%.
Como a la mayoría de viticultores españoles, a José María Gandía le preocupan las diferencias que existen entre el auge de los vinos del Nuevo Mundo y las restricciones sufridas por los caldos europeos. El caballo de batalla está en que los nuevos productores de fuera crecen sin parar, mientras que aquí no se puede aumentar las plantaciones, pero se permite que entre la competencia. Además, fuera se dan prácticas enológicas no autorizadas aquí, como añadir virutas de roble para simular crianzas.