Austria se vuelca en la celebración del 250 aniversario de Mozart. La carrera de actos se abre el Salzburgo el 27 de enero, día del nacimiento del genial compositor.
S
iruela acaba de sacar al mercado las
Memorias
de Lorenzo da Ponte, el libretista de Mozart. “Concebí fácilmente que la inmensidad del genio de Mozart exigía un tema extenso, multiforme, sublime”, escribe Da Ponte.
“
Conversando un día con él sobre esta materia me preguntó si me sería fácil reducir a drama la comedia de Beaumarchais titulada
Las bodas de Figaro.
Me gustó bastante la propuesta y le prometí hacerlo. Pero había que superar una dificultad grandísima. Unos días antes el emperador había prohibido a la compañía del teatro alemán representar aquella comedia, escrita, decía él, demasiado libremente para un auditorio decente”, cuenta el libretista de Mozart.
L
as de Lorenzo da Ponte son unas memorias imprescindibles para historiadores, curiosos y melómanos. Es decir, para casi todos.
“
El cine es sobre todo acción”, dice el director español Gutiérrez Aragón. Uno diría que es sobre todo imagen. Y luego los sonidos (la voz de los actores, los ruidos ambientales, la banda sonora). Tal vez a ese conjunto de cosas puede llamársele
acción.
Pero la etiqueta me parece reductiva.
A
demás de que hay muchos tipos de imágenes, algunas bastante pasivas: el rostro soñador e impacable de la protagonista de
Gertrud
(Dreyer, 1964). Cary Grant y Eva Marie Saint coqueteando letalmente en el vagón-comedor de un tren en
Con la muerte en los talones
(Hitchcock, 1959). José Isbert y Manolo Morán dirigiéndose al pueblo en el balcón municipal de
Bienvenido Mister Marshall
(Berlanga, 1953). El beso de John Wayne y Mauren O’Hara en
El hombre tranquilo
(Ford, 1953). La aparición del monolito en
2001
(Kubrick, 1968).
Y
por citar una película más reciente, la inquietante aparición de las torres Kio en
El día de la bestia
(1995). Álex de la Iglesia tiene difícil superar ese logro visual y conceptual.
L
amento espontáneo de un viejo conocido, demócrata de 40 años sin adscripción fija, ayer mientras tomábamos un café en una terraza de la plaza de la Reina (maravillas del invierno valenciano). “Yo creía que lo de las libertades era otra cosa”. Yo, hace treinta años, también.