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Miércoles, 18 de enero de 2006
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C. VALENCIANA
la chispa
Chip subcutáneo
El señor Graafstra es un empresario canadiense que hace algún tiempo que tiene instalado un chip bajo su piel –no sabemos donde lo tiene instalado– y todo el mundo se hace cruces con las “virguerías” que obtiene aprentándose el botoncito.

Hay otros que también tienen el chip puesto y están a la última en humanochip; los expertos hablan que la experiencia que se tiene lo es sobre animales que viven un máximo de 15 años y desconocen los efectos más allá de ese tiempo.

Es la gran moda. Piercings y tatuajes, tipo chica sobre bíceps de marinero o mariposa en el trasero semimoviente, están “out”. Se lleva el chip subcutáneo.

Tan es así que el señor Levi’s –el de los pantalones– lanzará este año un modelo compatible con reproductores de música digital y tendrán un auricular retráctil incorporando una cinta roja para mantenerse conectados y todo en un bolsillo. ¡Toma ya conexión!

Espero que Salgado –la ministra cuidadora de nuestra salud y “gran hermana”– que nos vigila por el ojo proyectado de sus policías antihumo no se entere de lo del chip.

Me veo pronto llevando en mi bolsillo o debajo de mi piel el “chipchivato” y entonces no sólo tendré, como ahora, que confesar a mi mujer donde estoy, que hago, de donde vengo y adonde voy, sino que además los funcionarios de Sanidad, de la policía autonómica y los mossos de esquadra “postestatut” sabrán de mí y ahora, a mis años, habré perdido la poca libertad que tengo.

Y entretanto mi presidente Rodríguez jugando a acertijos constitucionales sobre el derecho de reunión y en un país del norte, uno que antes leíamos que se llamaba las Vascongadas, las gentes tomándose “chiquitos” y muriéndose de risa al oír la seriedad de los poderes públicos defendiendo el derecho de reunión individual, aunque esos amigos sean cuatro mil. ¡Qué cosas!

Y aquí sin Guardia Civil suficiente para frenar la cosa misma del robo constante.

¿Estaremos idiotas los habitantes de este Mediterráneo?

¿Saben los que les digo? Voy a repasar el anticuado mundo hippy y siempre diré aquello de “haz el amor y no la guerra” y me rendiré cuando alguno me pida fuego por la calle o me pregunte una dirección. Tengo miedo mi amor.

Buscaré un chip para ponérmelo donde salva sea la parte y así Salgado, Alonso, Rodríguez y Font de Mora –tendré que decir algo a alguien del PP y este forense me cae bien– me tendrán siempre a tiro, con perdón.

¿Y los malos? Los malos deben ser libres, porque para eso estamos en una democracia. Son pocos, pero “collons” cómo molestan. Muy amables.