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Lunes, 9 de enero de 2006
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Valencia
Tiempo para reflexionar
Llama la atención que la mayoría de los padres con hijos en edad educacional afirmen no tener grandes problemas con sus hijos. De hecho, sólo uno de cada cuatro admite problemas para que los menores colaboren en los trabajos de la casa, pero son pocos (19,1%) los que dicen tener problemas con los estudios o con el tiempo que dedican a ver la TV o los videojuegos. En líneas generales la mayoría están satisfechos con el resultado obtenido con sus hijos en relación con su función parental. La tolerancia y el respeto a los demás siguen siendo los valores que los padres intentan mayoritariamente (61,2%) inculcar a sus hijos, seguido de responsabilidad (56,1%), buenos modales (43,6%) y honestidad (29,8%). Y la familia es el aspecto de la vida humana al que los españoles dan mayor importancia (98,9%), siendo la que más satisfacciones proporciona. A juicio de los españoles educar a los niños es la función principal de la familia en la sociedad, siendo la que debe dar soporte a sus miembros más allá de lo que los Gobiernos o las asociaciones puedan proporcionar.

Sin embargo, la realidad delata que en gran parte de la sociedad la convivencia familiar hace aguas, y el tipo de vida que se lleva fomenta que los miembros de la unidad familiar, más que convivir, coexistan. Siempre falta tiempo y no hay cabida para el diálogo, produciendo un desgaste en la relación que desemboca en un ambiente familiar indisciplinado y permisivo hacia los hijos. Si a esto le unimos el exceso de televisión, nos encontramos con que hemos trasladado a terceros nada menos que la responsabilidad de inculcar a nuestros hijos aquellos valores que van a presidir sus vidas.

Todo ello contribuye al deterioro del ambiente que se vive en casa, que puede ser la explicación de lo que está pasando con los menores, ya que estos, finalmente, no hacen sino reproducir nuestras propias conductas. Y es que a nuestros hijos no les trasmitimos aquello que nosotros queremos, sino aquello que somos. En este sentido los datos son claros y contradictorios con lo que los españoles declaramos: no somos tan familiares como deseamos –el pasado año, según datos del Consejo General del Poder Judicial, se produjeron en España más de 115.000 rupturas, una cifra que año tras año crece vertiginosamente (cada 4,3 minutos se produce una ruptura en España)–. No inculcamos a nuestros hijos ni tolerancia ni respeto ni fomentamos valores humanos. De hecho, ha aparecido un nuevo síndrome en los menores, denominado “síndrome del Emperador” en el que los menores tiranizan a los adultos. Es más, según la Fiscalía de Menores de Valencia la violencia de estos contra los padres se ha incrementado hasta alcanzar cifras inaceptables: si en el año 2001 se iniciaron 18 diligencias y 6 expedientes abiertos, en el año 2004 han sido 289 diligencias y 83 expedientes los abiertos. Según la Fiscalía, la causa en la gran mayoría de los casos tiene su origen en una práctica educativa equivocada. Curiosamente, y sólo donde parece que la sociedad reacciona, es ante la violencia de los menores contra sus compañeros y amigos del colegio ( bullying ).

Lo cierto es que la actividad legislativa generada en este último año en torno a temas de derecho de familia ha sido amplia: ley del divorcio, ley sobre el derecho a contraer matrimonio que permite el matrimonio a personas del mismo sexo, ley contra la violencia de género, reglamento de responsabilidad penal de los menores; y eso está bien, ya que permite dar solución a los cambios en la estructura familiar y a paliar las conductas generadas por sus miembros, pero realmente lo que refleja es la sociedad actual. ¿Estamos ante una crisis de valores? Como decía Corts Grau, “la nueva mentalidad tiene que ver poco con la razón”. Siempre es un buen momento para la reflexión.




 
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