En su larga carrera militar y política Sharón se ha caracterizado por ser un hombre de ideas arraigadas y poco propenso al compromiso. Ha hecho siempre lo que ha querido aun a riesgo de enfrentarse a sus superiores, lo que ocurrió a menudo. Como militar estuvo implicado en varios de los sucesos más cruentos para los palestinos, incluidas las matanzas de Sabra y Shatila, y como político no dudó en desobedecer a sus jefes para llevar a cabo sus designios. La invasión de Líbano en los años ochenta es sólo un ejemplo de entre las numerosas acciones que consiguió ejecutar yendo por libre, y en este caso en contra de la opinión del entonces primer ministro Menahem Beguin.
Un hecho muy significativo en su vida es que nunca apoyó ningún plan de paz con los vecinos árabes de Israel, ni el de Egipto, ni el de Jordania, ni los acuerdos de Oslo con los palestinos. Por eso pocos israelíes le creyeron cuando en febrero de 2004 anunció la desconexión de la franja de Gaza, proyecto que se consumó el verano pasado.